
Elecciones 2010. Rumbo a la reconfiguración política. Foto: Claudia Guadarrama
El centralismo se acompaña, además de la concentración vertical del poder, por un estado mental que desvirtúa la realidad. La derrota del PRI en 2000 inició en la periferia; la ganó el PAN porque fue la fuerza que pudo hacerse de territorios estratégicos en los 80 y 90. El triunfo en la elección presidencial está precedido por victorias en Baja California, Chihuahua, Jalisco, Guanajuato, Nuevo León, Aguascalientes y Nayarit, así como el gobierno en la mayoría de las capitales del país. Calderón fue candidato y después Presidente, porque ganó el territorio. La fortaleza de López Obrador se materializó más allá de los lugares tradicionales del PRD; sin embargo, el triunfo se malogró en Jalisco, Querétaro y Guanajuato, donde la coalición lopezobradorista no tuvo candidatos locales eficaces, ni siquiera representantes en casillas, a pesar de que sí recibió votos y, también, sea dicho de paso, cuantiosas prerrogativas.
La disputa por el poder nacional en 2012 inició hace tiempo y no está en el centro. La estación más importante fue la elección del 5 de julio pasada. La derrota no fue de partidos, sino de proyectos políticos. El centralismo que resulta del pacto Calderón-Beltrones fue el gran derrotado. El PAN ganó independencia del Presidente y en el PRI triunfaron los mandatarios locales. Paradójicamente, el centralismo se ha refugiado en el Senado; los gobernadores tienen la Cámara de Diputados. La última rebelión centralista ocurrió cuando se intentó revertir la Ley de Ingresos. La derrota fue crucial y en buena parte irreversible. En el PRI quedan decantados dos terrenos: el de Peña Nieto, con una amplia coalición de gobernadores (su más importante fuerza), y el de Beltrones, con el apoyo de un vacilante Calderón y de las tres fuerzas políticas en el Senado, su apuesta es una reforma política que disminuya estructuralmente al próximo Presidente. Beatriz Paredes está en el centro y es fiel de la balanza para evitar la guerra que amenaza al PRI, por los estertores del beltronismo contra Peña Nieto.
2010 será crucial en la disputa. Más de la mitad de los estados del país renovarán poderes locales; 13 elegirán gobernador (si Guerrero modifica su calendario electoral). Lo que allí ocurra será importante, aunque no concluyente para el desenlace de la elección de 2012. La prospectiva aparentemente favorece al PRI, aunque el PAN y el PRD pudieran obtener importantes triunfos, el primero en Zacatecas y Puebla, el segundo en Oaxaca. El PRI gobierna nueve de las 13 entidades, el PAN dos y el PRD dos. En siete estados podría haber alternancia, sobre todo si el partido gobernante no tiene un candidato a gobernador competitivo o si el proceso de selección de candidato abre fisuras o desprestigio capitalizables por su adversario.
Por ejemplo, Puebla en los números de las encuestas aparenta día de campo para el PRI con Javier López Zavala; sin embargo, la postulación del senador Rafael Moreno Valle y la adhesión de Enrique Doger, ex alcalde de Puebla, plantearía un escenario muy competido. El PRI perdería un territorio estratégico y el PAN recompondría su alianza con el sector magisterial y su partido, además de ampliar su baraja de candidatos presidenciales cumpliría un compromiso de campaña de Calderón: someter a proceso penal al gobernador Marín.
Otro caso de interés es el triunfo del PRD en Oaxaca. Gabino Cué, virtual candidato de la izquierda, fue ganador en la elección de hace seis años; la manipulación de resultados en las zonas indígenas hizo la diferencia. La historia se puede repetir, sobre todo si la postulación del candidato del PRI no asegura unidad. Oaxaca y Puebla significarían una forma de rebelión de los pobres.
No todo sería malas noticias para el PRI. Además de retener casi todos sus territorios, podría ganar Guerrero con el alcalde de Acapulco, Manuel Añorve. La izquierda perdió en las elecciones intermedias por la división que se dio entre Convergencia y un PRD cada vez más desgastado por el mal ejercicio del gobierno local. Un buen prospecto, como Luis Walton, se le ha desgastado de manera absurda. Se dice que próximamente será dirigente nacional de Convergencia.
El PAN puede perder Aguascalientes, el PRI tiene un fuerte candidato con posibilidades de triunfo, el senador Carlos Lozano, de quien se dice contaría hasta con el apoyo del gobernador Armando Reynoso, secuela de las diferencias en el PAN hidrocálido. Sin embargo, el PRI requeriría acomodamiento a Lorena Martínez y el alcalde de la capital, Gabriel Arellano, buenos candidatos también para la gubernatura.
Zacatecas es una de las mayores incógnitas. El PAN gobierna la capital y el grupo del senador Ricardo Monreal mantiene una fuerte influencia en el territorio de la gobernadora Amalia García, quien ha quedado muy debajo de la expectativa. Nada puede anticiparse y será la negociación de los partidos y candidaturas la que aporte claridad sobre lo que venga.