Pionero en la música electroacústica en su natal Chile, Federico Schumacher (1963) es un compositor que ha dejado atrás la música mixta, fusión entre instrumentos y tecnología en tiempo real, para dedicarse por completo a la cusmática, entendida ésta como la que se construye completamente en un estudio y prescinde de intérprete alguno en escena.
Oír sin ver: lo real y lo aparente en música electroacústica, es uno de sus temas de investigación musical; análisis que aterriza en su obra El espejo de Alicia, donde hace una paráfrasis del cuento de Lewis Carroll, al introducir al escucha en un territorio onírico capaz de producir las imágenes que remiten a la experiencia individual.
¿Cómo se entiende la metáfora del espejo de Alicia en la construcción de tu obra?
Hay una idea fundacional que tiene que ver con el espejo y el acto parlante. El espejo es algo que refleja la realidad sin serlo; el parlante usualmente representa sonidos, que tampoco son reales. La invitación es pasar el espejo, que son los parlantes, para descubrir mediante el sonido un mundo de colores, formas, que usualmente no escuchamos, como lo hizo Alicia al traspasar el espejo.
Oír sin ver, ¿qué tan importante es pensar así a la hora de la composición?
La música cusmática tiene la particularidad de que quien escucha no tiene nada que ver. La mediación que existe entre un instrumentista y la obra ayuda a los auditores a tener una comprensión bastante estrecha. Cuando no tienes algo que ver por fuerza tienes que representar imágenes mentales, para lograrlo se necesita una relación entre lo que escuchas y tu vida, así tienes que escarbar en ella, entonces es cuando dices esto suena a un estado de ánimo que tuve, un lugar que visité, una conversación que sostuve. En ese momento hay una representación de imágenes individuales y todas las versiones son posibles y reales.
¿Cuál es, entonces, el principal trabajo de quien hace música cusmática?
Buscar la manera de crear esas imágenes a través de paisajes sonoros o sonoridades abstractas. Se trata de construir un complejo sonoro que produzca la comunicación entre la obra, el auditor y sus posibles e individuales imágenes.
¿Qué hay detrás de tu pieza El espejo de Alicia?
Es, tal vez, la pieza donde más he utilizado esta idea de entregar el material y la información suficiente al auditor para que pueda construir diversas imaginaciones, en ella se suceden muchos planos sonoros y construcciones que permiten una escucha exclusivamente morfológica y hasta una escucha completamente semántica.
¿Cuáles son los retos del músico contemporáneo cuando tiene al alcance una gran tecnología para experimentar?
Nos encontramos con una herramienta muy poderosa como no había hace 30 años: el computador. Pensar que vamos a poder seguir haciendo música como se hacía 50 años atrás es completamente una estupidez. La música y las artes están indisolublemente ligadas a ella, pero el problema ahora no es tecnológico, sino encontrar respuestas estéticas a ello, y es ahí donde no vamos quedando atrás, porque la tecnología cambia muy rápido. Saber cómo uno se sirve de ella y saber decir qué sirve y qué no es el reto. Pero somos tan golosos que nos cuesta mucho saber qué es pertinente para la música y que no. Hace poco participé en un concierto vía internet, pero la señal era monofónica; mientras que no logre enviar una señal estereofónica, y de calidad razonable, no es una tecnología que sirva a la música. Será algo importante cuando le sirva a la música y al escucha.