Las paredes de la Alhóndiga de Granaditas hablan. Están marcadas por las huellas de la guerra de Independencia… por la desesperanza de muchos de los presos que al pintarlas dejaron testimonio de su paso por este lugar edificado en 1809.
Envuelta entre mitos y pasajes significativos de la historia de México, la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato, celebra hoy su bicentenario, con la exposición Imágenes de la Alhóndiga, del acervo de la fototeca Romualdo García.
De ser un almacén de granos que reflejaba la opulencia de Guanajuato como región minera en 1809, este edificio neoclásico se convirtió en cuartel, escuela, fábrica de tabaco, vecindad y luego en cárcel en 1864 por mandato de Maximiliano de Habsburgo.
Pasó el tiempo hasta que en 1949 el gobierno de Guanajuato decidió recuperar esta construcción de cantera, y transformarla en museo, en el Museo Regional de Guanajuato.
Isauro Rionda, cronista de la ciudad, habla de la importancia histórica de este inmueble. El cura Miguel Hidalgo emprende el movimiento de Independencia y decide no sólo sitiar el lugar, sino ir por los españoles que se encontraban resguardados en la Alhóndiga de Granaditas, la enorme construcción con altas y gruesas paredes donde supuestamente permanecerían a salvo de las huestes insurgentes.
“El 28 de septiembre Hidalgo toma la Alhóndiga de Granaditas, inscribiendo así esta fecha como una de las más importantes de la historia del México independiente.”
Mitos e íconos
Para Isauro Rionda, cronista de Guanajuato, “El Pípila es el héroe epónimo del pueblo. Yo no creo en la historia de que tomó una losa en su espalda para llegar a la puerta de la Alhóndiga de Granditas para quemarla”.
Su versión es que fue un grupo de personas que sabían usar la pólvora las que hicieron explotar la puerta.
“Lo que sí creo es que al frente de ellos estaba El Pípila, porque ese hombre sí existió y ahora es un héroe popular.”
En la página web de los festejos del Bicentenario se menciona que Alamán negó este episodio histórico, ya que afirmaba “que fueron varios los que protegidos por losas o lajas prendieron fuego a la referida puerta”.
El arquitecto Enrique Evaristo Arellano Hernández, director del Museo Regional Alhóndiga de Granaditas, confirma que, debido a que este inmueble fue tomado por el cura Miguel Hidalgo, se volvió un ícono de la historia de la independencia de México.
“Justamente en ese episodio radica la importancia de este recinto que fue asaltado el 28 de septiembre de 1810, donde murió el intendente José Antonio Riaño, uno de los grandes impulsores de la construcción de este inmueble.”
En su momento, la edificación de esta Alhóndiga generó muchas críticas, en especial del papá de don Lucas Alamán, quien decía que se estaba construyendo un “Palacio para el maíz”.
Los insurgentes tomaron la Alhóndiga de Granaditas y la muchedumbre enardecida saqueó la ciudad, arrasó con el lugar, con los bienes y con decenas de vidas.
El director del museo —que resguarda alrededor de nueve mil obras, de las cuales 2 mil 500 corresponden a la cultura Chupícuaro— señala que tienen contempladas algunas actividades para conmemorar los 200 años de existencia de la Alhóndiga de Granaditas, como conciertos y conferencias que abordarán la historia de este lugar, con el fin de ofrecer un panorama sobre cómo era la ciudad de Guanajuato, durante su construcción y durante la toma de los insurgentes.
Los usos del inmueble
La primera alhóndiga que hubo en Guanajuato se encontraba en la calle de Alonso, cerca del río, lo que generaba humedad y en consecuencia que los granos se echaran a perder.
Dada esa situación, el intendente José Antonio Riaño manda construir la Alhóndiga de Granaditas en uno de los puntos más altos de la ciudad, para el resguardo de las semillas y los granos con los que se alimentaría a la población de Guanajuato.
Después de haber sido cuartel se convirtió en cárcel, luego de que en 1864 Maximiliano de Habsburgo visitara Guanajuato y recorriera la cárcel que se encontraba en la calle de Alonso, junto al río. Al darse cuenta de las condiciones infrahumanas en las que permanecían los presos, metidos prácticamente en cuevas húmedas, ordenó que fueran trasladados a la Alhóndiga de Granaditas.
Fue en este recinto que el pintor guanajuatense José Chávez Morado pintó su máxima obra mural: La abolición de la esclavitud (1955) y Canto a Guanajuato (1960). El mismo Chávez Morado decía que esa obra era la más importante que había hecho a lo largo de su vida.