En este 22 de octubre, desde las ocho de la noche, en la puerta del hotel Presidente InterContinental Guadalajara, comediantes, saltimbanquis y bufones, que parecen haberse escapado de una tropa de Comedia del Arte o de un carnaval veneciano, reciben a los invitados, numerosos, bulliciosos y festivos, que acuden a la reinauguración del hotel.
Al llegar al pie de la escalera monumental que lleva al lobby, se percibe que la remodelación no fue una simple “manita de gato” para dotarlo de un nuevo look más enganchador, sino de una reestructuración completa del concepto hotelero Presidente InterContinental.
El mármol italiano, blanco jaspeado de gris claro, pulido en extremo, alterna con la madera austriaca de varios tonos de castaño con gruesas vetas rubias. En el vestíbulo, se suman la madera clara con finas venas, que recubre las columnas; el ónix que forra la barra de la recepción; y una cortina de agua, pantalla sobre la cual desfilan logos e información.
Entre los trajes oscuros de los hombres y las espaldas descubiertas y enjoyadas de las mujeres, circulan meseros y bufones. Pronto, el lobby se llena como el Tequila Bar Collection que se extiende a un costado del mismo y la recepción anexa implementada para registrar grupos por grandes que sean, con rapidez y eficiencia. El mundo empresarial jalisciense concurre para conocer y valorar esta metamorfosis orientada especialmente a convenciones y grupos.
A la hora programada, a las nueve en punto, llega Ángel Losada Moreno con su conocido semblante de armador griego o de condottiere italiano, pero sobre todo presidente del Consejo de Administración del Grupo Presidente, con algunos de sus más allegados colaboradores: Federico Bernaldo de Quirós, director general; Braulio Arsuaga Losada, director comercial y de Desarrollo; Julien Debarle, director de Operaciones; Isabel Azpiri, directora de Relaciones Públicas y Comunicación; y Gustavo Staufert, gerente general del hotel.
Los discursos son breves con números contundentes: quince millones de dólares gastados en siete meses; 423 habitaciones distribuidas en 14 pisos, entre ellas 48 suites: Presidencial, Ambassador, Master, Junior. Se estrena una categoría exclusiva: el Piso Club, con 131 habitaciones para quienes quieren gozar de más discreción e intimidad, con su Lounge Ejecutivo y servicio de check-in y check-out privados, las 24 horas del día.
Hay salones para convenciones y reuniones de todo índole, de todos los tamaños, incluyendo uno, el más grande de Guadalajara, con capacidad para mil 200 personas sentadas en mesas circulares. Su conectividad ultrarrápida con acceso a Internet Wi-Fi en cualquier parte del hotel pretende ser la más novedosa dentro del mundo hotelero mexicano
Se reafirma el nuevo credo: “[ser] más consistentes en lo que ofrecemos al cliente en la personalización del servicio. Más que un cuarto bonito, lo que ofrecemos es una experiencia completa de servicio.”
Por fin, entre muchos, en medio del vestíbulo, cortan el simbólico listón. Hay aplausos y abrazos. Y la fiesta sigue.
Los detalles
Los saltimbanquis se deslizan en el aire. Una visita a las habitaciones se organiza, con alegre improvisación (son tantos los que quieren conocerlas “ahora mismo”). Recorren en grupos ruidosos las habitaciones y las suites (las desocupadas obviamente). ¿Se habrán percatado realmente del tamaño de ellas?, amplías todas, aun las más “sencillas”. ¿Se fijaron que todos los materiales empleados: alfombras, tapices, cerámica, mármoles, telas, son veteados, jaspeados, rayados, estriados, brocados, con excepción de los armarios y cajoneras, níveos y esmaltados; las pantallas negras de los grandes receptores planos de televisión y la piedra gris apenas desbastada que recubre las paredes de las cabinas de ducha? Las habitaciones son bellas, espaciosas, cómodas, luminosas de día y cálidas de noche, con una decoración minimalista de temas “agaveros” sobre las paredes.
Abajo la fiesta sigue. No queda un sillón libre en el Tequila Bar, ni en el vestíbulo. En el exclusivo restaurante Club InterContinental se ha instalado un buffet donde oficia para todos Jesús Ávila, chef ejecutivo del hotel. Después del presidente del Grupo, es el hombre más solicitado y adulado en el momento. Empresarios, comediantes y meseros apurados pretenden su atención. Es tanta su eficiencia, que nadie llega a impacientarse. Hay en exceso canapés, sándwiches, tortas, si estos términos se pueden aplicar a los sutiles manjares que tienen forma de canapés, sándwiches y tortas. Hay en exceso bebidas para cualquier preferencia. Lo que no alcanzó fue un lugar para sentarse, pero sobra el buen humor entre los comensales.
A regañadientes y a solicitud expresa del gerente del hotel, don Ángel Losada concede que el grupo musical que anima, desde el Tequila Bar, la fiesta en todo el vestíbulo, deje de tocar a las dos de la mañana y este mismo presidente se va a dormir una hora más tarde, tan feliz como un estudiante recién graduado.
Unos pocos momentos después, campea en el mismo lugar la reserva y la afabilidad que caracterizan a los hoteles del grupo.
Lo mineral y lo orgánico. Lo pulido y lo áspero. Lo llano y lo entreverado. Mucho más que elementos decorativos. Los contrarios compatibles, símbolos de la esmerada estrategia de eficiencia, con la pródiga pero considerada hospitalidad que quieren ser el nuevo parangón de Presidente InterContinental.