En 2003, un conjunto de títeres aparecieron para refrescar la televisión infantil chilena. Bajo el nombre de 31 minutos, el proyecto concebido por Pedro Peirano y Álvaro Díaz tuvo tal éxito que en poco tiempo se extendió por Latinoamérica. Cinco años después los directores emprendieron el experimento de llevarlo al cine. En el país andino, el filme se convirtió en la cinta más exitosa de 2008. Con este precedente, la cinta llega a nuestro país y sobre ello habla Peirano, quien, por cierto, también da vida a uno de los personajes centrales, “Tulio Treviño”.
¿Cómo surge el proyecto de 31 minutos?
La televisión infantil chilena estaba estancada en programas de concurso y cosas que no hacían ningún aporte. La base de 31 minutos fue que nos dedicamos a pasarla bien. Lo concebimos como una buena oportunidad para tener un trabajo agradable que conectara con el público infantil. Teníamos la sensación de que si nos gustaba y nos ponía en la posición de cuando éramos niños quizá podríamos sacar algo interesante.
La serie conecta con chicos y grandes, ¿cómo unir en un formato cómico a ambas generaciones?
La serie la hacemos adultos así que tiene que causarnos risa. Manejamos varios niveles de comprensión: hay cierto tipo de humor más de mayores y hay una cosa más afectiva que tiene que ver con la relación entre los personajes y que es más propia de los niños. No queríamos hacer un programa adulto disfrazado para niños, sino un programa que vieran los niños con los papás. Por eso es tan importante el formato. Hicimos una parodia de un noticiero porque sabemos que estos espacios son de los pocos donde los papás comparten la televisión con los niños. A la hora de la comida o en la noche se juntan para ver las noticias por lo tanto es un formato ambos conocen, eso nos permitió tejer complicidad entre padres e hijos.
Casi por regla los programas de televisión que son llevados al cine no funcionan o al menos desmerecen. ¿Por qué llevarlo a un formato de hora y media?
Al principio era un programa de noticias absurdas, después de transformó en un programa de personajes y luego nos dieron ganas de hacer la película. Una película tiene que ser más lógica así que teníamos que mantener el humor absurdo dentro de esta inercia. El noticiero es un desorden absoluto y quisimos llevar ese desorden a una historia que fuera capaz de ser tragable por 85 minutos para eso había que darle más fuerza a los personajes y brindarles una curva emocional que no habían tenido nunca. Es decir, “Tulio” tiene que abandonar su egoísmo absoluto para ayudar. “Juanín” entra en duda respecto a cuál es su amistad real con “Tulio”. Son cosas que nunca se mencionan en el programa pero sirven para darle una fuerza más emocional a la película. La cinta funciona en términos del programa, pero para quienes no lo han visto por televisión decidimos al principio hacer pequeños resúmenes de cada personaje para que se sostuviera sola. Por otro lado para la gente que los ha visto en televisión, creo que puede resultar emocionante conocer cuál es la casa de “Tulio” y de “Juanín”, son pequeños detalles que nos permiten mostrar como es la parte de afuera del programa.
Es curioso que el protagonista de la película no sea uno de los estelares del programa…
“Juanín” se merecía el protagónico, porque es el único que trabaja en el programa. Es el personaje más sincero. Sólo él y “Tulio” creen que el programa sirve para algo, el resto asumen que es un desastre. Cuando empezamos a ver la posibilidad de hacer una película, inmediatamente surgió “Juanín” como el candidato idóneo para el protagónico, al carecer de una importancia formal nos daba pie para “Tulio” y “Bodoque” que eran los protagonistas naturales, trataran de rescatarlo.
Normalmente en la televisión o cine infantil se trabaja a partir de arquetipos que buscan ser ejemplares, ustedes hacen lo contrario los protagonistas son un conductor egoísta y un reportero apostador…
Para nosotros los niños sólo son gente con menos años en el planeta Tierra. No tienen ninguna limitación, de hecho tienen muchas virtudes que uno ya perdió. La única responsabilidad que tiene un adulto respecto a un niño es demostrarle lo que sabe. Uno tiene que incentivar la imaginación y la curiosidad, sin tratar de dar patrones de conducta específicos. Por eso desde el principio decidimos que nuestros personajes no iban a dar ningún ejemplo de nada, iban a ser lo contrario a Barnie, acaso lo ejemplar es la amistad que tienen. Son gente distinta y sin embargo son amigos, porque así son los niños. El mejor amigo de un niño es el que vive enfrente por el simple hecho de vivir al frente, con eso es suficiente. Tratamos de mostrar ese tipo de actitudes por eso creo que los niños se sienten tan identificados a pesar de que estos títeres son adultos.
Bajo la lógica de 31 minutos pareciera que conforme te haces adulto, aumenta el número de defectos.
Claro. Es importante entender que cuando te haces adulto no mejoras y sí, en cambio es probable que tengas más defectos. Planteamos 31 minutos como la posibilidad de que los niños viendo el programa aprendan a perdonar a sus papás antes. Cuando vean que sus papás son desastrosos y tienen un montón de deudas, pero les muestran cariño y trabajan por ellos, aprenderán algo.