Apunte cardinal: “Existe el sacramento del monstruo, lo mismo que existe, desde hace dos mil años, el del sacerdote en el altar. Sacerdos eris in aeternum. Vampyrus eris in aeternum.” La conclusión proviene de la macabra hagiografía de Charles-Augustin Favez, que el eximio escritor suizo Jacques Chessex publicó bajo el título de El vampiro de Ropraz, una pequeña obra maestra sobre el vicio, el odio, la locura, la venganza, la ignominia y la miseria sexual que se condensan, como los coágulos de pintura en una tela, en la postal sublime de los bosques y la nieve.
Cuenta Jacques Chessex que en el año de 1903 en Ropraz, situado en el Haut-Jorat valdense, la tumba de Rose Gilliéron, hija de un juez de paz, fue profanada. El cadáver apareció mutilado, semi devorado y con rastros de esperma en ciertas oquedades. La pesadilla se repitió en los caseríos de Carrouge y de Ferlens. En ambos casos, a los cuerpos de Nadine Jordan y de Justine Beaupierre les extirparon el pubis y la vulva, y sus pechos y sus nalgas exhibían feroces mordiscos. La comarca suiza proclamó al vampiro como encarnación o sincretismo de todo el crimen que se perpetraba en sus aldeas, porque Chessex revela que al interior de la idílica armonía de los boscajes, sus pobladores viven una fiesta interminable de alcohol, superstición, maldad e incesto. El monstruo será “descubierto” poco después: atrapan a Charles-Augustin Favez sodomizando a una ternera. Es enorme, pálido, contrahecho, tiene los ojos inevitablemente enrojecidos, y lleva a cuestas un pasado de abuso y de violencia, y un presente de alcoholismo, introversión y hostilidad. Nadie mejor que él como culpable.
Cuenta Jacques Chessex que Favez fue exonerado en su primer juicio. Era imposible achacarle los delitos de las tumbas, pero cometió el error de emborracharse y de intentar violar a una señora, y cae de nuevo en los calabozos de Oron, donde no sólo lo visita su abogado sino una enigmática mujer vestida de blanco que invierte los rituales, pues en el cementerio el vampiro es el que devora y en la celda es la mujer quien vampiriza a la criatura. Finalmente, Favez es sentenciado a reclusión perpetua en el centro psiquiátrico de Cery, del que huye para enrolarse en la Legión de voluntarios del ejército francés, y aquí la historia adopta un giro monumental, porque la pluma exacta de Jacques Chessex sigue su rastro como soldado de un grupo comandado por Frédéric Sauser, cuyo nombre literario es Blaise Cendrars: Favez sirve de modelo para la novela Moravagine, de Cendrars, y uno de los combatientes caídos en la batalla de la granja Navarin, donde Cendrars perdió el antebrazo derecho. ¿Algo más? Memoria por partida doble: Chessex no duda en afirmar que los restos sobre los que arde la llama del Arco del Triunfo, en honor al soldado desconocido, pertenecen al monstruo más temido de las granjas suizas: el vampiro de Ropraz.
El 10 de octubre de 2009, tan temperamental como su prosa, Jacques Chessex se enfrascó en un debate airado sobre su obra. Se desplomó a la mitad de una frase y exhaló su último suspiro en la Biblioteca Pública de Yverdon-Les-Bains. Se me ocurre que una sombra revoloteaba entre los anaqueles. Tenía la mirada roja. La silueta contrahecha…