Los que se quedan es un documental de terror, su brillante manufactura radica en que los autores no necesitaron una producción espectacular con escenarios, maquillajes, efectos y actores profesionales. Las tomas de las calles solitarias de los pueblos mexicanos estremecen porque no se trata de una ficción; pueblos habitados por fantasmas que vagan por las calles.
El principio está planteado como en las películas de terror, involucrar al espectador de inmediato: una maestra de primaria pide a los niños que levanten la mano “quienes tengan a su papá trabajando del otro lado”, casi todos la levantan, luego pregunta a quién le gustaría irse a vivir a Estados Unidos, todos la levantan. Lo aterrador consiste cuando la maestra les pregunta por qué y contestan “porque allá sí hay dinero y nosotros somos muy pobres”.
El documental narra la vida de las familias que se quedan a soportar la eterna crisis del campo nacional, y no por eso dejan de tener ilusiones, gente que se aferra a su terruño como si fuera el lugar más hermoso del mundo y del cual el sistema desde hace siglos se ha empeñado en expulsar.
Otro documental mexicano que ha puesto el dedo en la llaga es Los herederos, de Eugenio Polgovski. Nos involucra a todos porque no podemos permanecer indiferentes ante la profunda desigualdad social que se vive en México.
El dolor de las niñas cuando se despiden de sus seres queridos, la esposa que prefiere no recordar a su marido asesinado en Los Ángeles, las hijas que suplican a su padre que mejor se quede aquí, pues juntos podrán luchar para salir adelante. Es un mosaico de la crueldad que ejemplifica el presente y futuro de nuestro país, por eso no podemos permanecer indiferentes.
Al terminar la película entendemos que vimos una historia de terror sin monstruos ni fantasmas. Todos ésos son juegos sin sentido frente a la realidad espeluznante que se yergue en el campo mexicano actual.
Los que se quedan (2009, México), documental de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman con familias de diversos estados del país.