Humberto Moreira revolucionó el ejercicio del poder desde que lo asumió hace ya casi cuatro años. Entre las líneas de su gobierno destacan: una doctrina social basada en el estado de bienestar que procura compensar deficiencias e injusticias de la economía de mercado mediante la redistribución del ingreso y prestaciones a los menos favorecidos; el impulso a la infraestructura urbana y carretera; el fomento a la inversión y el empleo; la consolidación de un sistema político y de gobierno a través de la movilización y de nuevas estructuras; una actitud crítica frente al gobierno federal, y la capacidad de reacción en situaciones críticas.
Moreira se adelantó al presidente Calderón en la nueva prioridad del gobierno panista: abatir la pobreza. De ahí el impuesto al consumo general de dos por ciento que el mandatario federal propuso y el Congreso rechazó con espíritu populista, pero a cambio le encajó al país un IVA de dieciséis por ciento y un ISR del treinta. Las voces que advierten sobre riesgos de revueltas sociales se escuchan hoy por los cuatro puntos cardinales mientras la pobreza alimentaria se extiende por todo el país.
La combinación de los factores arriba citados y la legitimidad que ganó en las urnas brindan a Moreira amplios márgenes de gobernabilidad en un estado no exento de problemas graves y profundos como la inseguridad, el desempleo y la insuficiencia de recursos para abatir a mayor velocidad la miseria y la impunidad que tanto agravian a la sociedad. Los saldos de cuatro años de gobierno contribuyeron a los triunfos del PRI en las elecciones de 2008 y 2009.
El Congreso local es de mayoría priista y más del noventa por ciento de la población de Coahuila será gobernada por alcaldes de esa formación a partir del 1 de enero. ¿Es bueno que el poder se concentre en esa forma? Pienso que no: debería haber mayores equilibrios, contrapesos reales. Pero con una oposición marginal y ausente no solo del debate, sino divorciada de la sociedad e insensible a sus demandas, es difícil que el veredicto de las urnas cambie.
Quejarse del sistema electoral del estado y de las leyes que lo regulan, como el PAN y los demás partidos hacen, nada arregla. Pero además las propias oposiciones dieron su aval a la legislación vigente cuando fue votada en el Congreso. Si las fuerzas minoritarias no pisan las calles y esperan a que todo les caiga del cielo, el voto duro del PRI las vencerá elección tras elección. Y la ciudadanía, sin más opción, dejará de sufragar o anulará su voto, expresión creciente que abomina de los partidos al tiempo que deslegitima las elecciones y a las autoridades.
¿Cuáles han sido las críticas más recurrentes contra el gobierno de Moreira? Al principio se le tachó de populista, pero una dosis de moderación personal y el reconocimiento de que los programas sociales mitigan necesidades apremiantes, atenuó el reproche. Otra es la actuación de hermanos suyos en esferas de poder. Rubén en la presidencia del PRI y en la Cámara de Diputados, y Carlos en la secretaría general del SNTE, Sección 38. La réplica es que ellos empezaron sus carreras antes de que su hermano fuera gobernador, como pasa con otras familias —de todos los partidos— orientadas a la política. Puede no gustar, pero para eso están las urnas.
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