No sé si a Manlio Fabio Superstar le quede claro, pero si ya era suficientemente dudoso que el PRI emprendiera la graciosa huida cuando la votación del IVA a 16%, su escapada de Twitter después de una aparición tan repentina como misteriosa, no pudo sino haber dejado comprometida su ya de por sí desmadejada reputación.
Desde hace días el Twitter comenzó a agitarse por el rumor de la llegada de @SenBeltrones. Algo muy parecido a lo que ocurre cuando una figura política se aparece en las procelosas aguas de las redes sociales. Primero los usuarios se preguntan si en verdad se trata del personaje o si sólo es una versión espuria con ánimos de popularidad. Luego se desata la investigación internética para confirmar o desmentir el origen legítimo o no de la criatura. Y entre son peras o son perones, aquello se convierte en una multitudinaria orgía de twits y retwits a favor o en contra del recién llegado. Pasó con López Obrador, del que de pronto surgieron varias cuentas apócrifas hasta que se reveló la verdadera que, en ese momento, se llenó de gritos y sombrerazos, tales que él y sus convidados tuvieron que hacer una asamblea twittera para calmar los entusiasmos drásticamente encontrados.
Cuando @SanBeltrones emergió de la nada, no generó expectativa sino terror. De pronto la comunidad twittera se comenzó a sentir acosada por don Beltrone que le daba seguimiento a decenas de usuarios. Primer error, nunca le debes dar follow a todas las cuentas, por muy pretendido demócrata que seas; y menos con un mensaje tan hermético e indescifrable como el de “1, 2, 3, probando”.
Por supuesto, abrieron fuego contra el senador que no se daba abasto ante aquella voluminosa manifestación de opiniones en contra, insultos, albures y muy contados aplausos. Nadie le explicó que en el Twitter se pierde el estatus, que no hay filtros secretariales y que el contacto es crudo y directo. Y, peor aún para alguien sólo acostumbrado a los soliloquios rimbombantes y demagógicos, la comunicación es de ida y vuelta. O se retroalimenta o se muere. Nadie que esté empeñado en tirar netas, sus netas, sin pasar por el diálogo, el debate o la discusión feroz y acalorada, ha sobrevivido para contarlo.
Todo causó tal sorna que apareció la etiqueta o hagstag#sefuebeltrones, donde se explicaba que en realidad Manlio Fabio Superstar huyó porque creyó que le iban a cobrar 3% por cada twit.
O como creyó el anuncio de Calderón en el sentido de que ya se había acabado la recesión, no se le hizo necesario dialogar con la masa menesterosa.
Links:
[1] http://www.twitter.com/jairocalixto