“México es la dictadura perfecta”, o eso creía el escritor Mario Vargas Llosa cuando participó en un debate televisivo en plenos noventa priistas. Qué le pasa.
“Yo ya no voy a México, el Centro Histórico huele a meados”, era la forma en que desdeñaba La Doña, María Félix —cuando era parisina—, al ombligo del mundo.
La britneyseñal: aunque no dijo nada con su boquita, la Spears levantó el dedo medio de su mano a los reporteros tras una errada visita a México. Fuck, she did it again.
“Yo estoy aquí para decir que deseo que Felipe Calderón sea el nuevo presidente de México, por el bien de todos los mexicanos”, decía un metiche José María Aznar en Guadalajara, y por el bien de todos ganó, haiga sido como haiga sido.
“Lo que pasa en Atenco es terrorismo de Estado”, profirió Manu Chao en el festival de Guadalajara de este año, y aunque la Segob estuvo a punto de aplicarle el famoso 33, él no se arrepiente de su intromisión.
“A veces es mejor sentirse presidente que serlo”, se le ocurrió decir a Manuel Zelaya con sombrero negro en la cabeza. Los obradoristas lo felicitaron mientras los panistas le hicieron el fuchi. Qué pesados todos.