¿Para qué sirve el Consejo de la Judicatura? Para tres cosas: para presionar a los jueces, para encarecer al poder judicial y la tercera es exactamente la respuesta usted que había imaginado. El Consejo en Jalisco se creó en tiempos de Alberto Cárdenas a imagen y semejanza del que Ernesto Zedillo hizo para el Poder Judicial de la Federación. El objetivo de ambos consejos era crear un contrapoder de los ministros de la Corte y los magistrados del Poder Judicial del Estado. De hecho, lo primero que intentó Alberto Cárdenas fue obtener la renuncia de los magistrados a quienes en una reforma anterior el gobernador Guillermo Cosío había hecho vitalicios, pero no lo logró.
Hasta el gobierno de Cosío los magistrados le presentaban en automático su renuncia el gobernador entrante, lo que supeditaba al Poder Judicial al Ejecutivo. La reforma le dio independencia al Judicial, pero eso sí, don Guillermo tuvo el cuidado de primero aceptar la renuncia de los que estaban, nombrar nuevos y después cambios que le dieran a los magistrados independencia frente a los gobernadores futuros. Cuando Acción Nacional llegó al poder se topó con un Poder Judicial nombrado e independizado por el gobierno priista anterior. Lo primero que intentaron, con Raúl Octavio Espinoza al frente de la secretaría de Gobierno fue comprarles su renuncia, pero a decir de los enterados el problema no fue la probidad de los magistrados sino que les ofrecieron muy poquito. El siguiente paso fue crear el Consejo de la Judicatura como un contrapoder que tuviera el control administrativo del Poder Judicial y la evaluación del desempeño de los jueces.
Como suele suceder en estos casos se cuidó mucho la conformación del primer consejo, con gente de alto perfil profesional. Con el paso del tiempo el caballo se convirtió en dromedario y terminó en camello. Los panistas entraron exactamente en la misma lógica de la que habían sido tan críticos y comenzaron a nombrar magistrados a modo y a repartirse las plazas entre los grupos y los partidos como quien se reparte un botín. Hoy el Consejo no es un contrapoder del Tribunal Superior de Justicia del Estado sino un poder incrustado en el mismo Poder Judicial. Desde ahí se arreglan plazas, se controlan jueces y se tramitan juicios, por decir sólo lo menos nocivo que hacen. Antes había una esfera de corrupción; hoy existen dos; antes los jueces tenían la presión de “su” magistrado, hoy la tienen por partida doble: la de los magistrados y la del Consejo. El Consejo que nació para combatir la corrupción en la impartición de justicia se convirtió en otra fuente de corrupción, y encima nos cuesta 390 millones de pesos al año. A los ciudadanos nos sirve para tres cosas.