Un año después de la elección del presidente Barack Obama, un puñado de contiendas políticas —incluyendo las de los gobernadores de Nueva Jersey y Virginia, y otra de congresistas en Nueva York— podrían dar indicios sobre qué piensan los estadunidenses de Obama, y una idea del panorama para las elecciones medias de 2010.
¿Pero qué tipo de indicios? ¿Cuánta importancia se le debería dar a una pequeña fracción de votantes en dos estados y un distrito del Congreso?
Las elecciones locales generalmente son el sujeto de discusiones acaloradas y abundantes interpretaciones por parte de los observadores políticos —aunque parecería que rara vez tanto como este año, lo que refleja el mayor interés en política creado por el triunfo de Obama.
“Estas son contiendas importantes, no sólo como referéndum sobre la Administración, sino también sobre nuestro partido” afirma Michael Steele, presidente del Comité Republicano Nacional. “Esta administración no está sintonizada con el tono de este país, y eso quedará a la vista el martes”, asegura.
Joel Benenson, el encuestador de Obama y el gobernador Jon S. Corzine, el demócrata de Nueva Jersey que contiende por su reelección, rechazaron ese argumento diciendo que las elecciones eran episodios aislados sin significado político a largo plazo.
Sin embargo, en un momento de tanta confusión política en Washington, y un año antes de las que prometen ser unas elecciones medias muy contendidas, parece difícil argumentar que no se podrá aprender algo de lo que pase hoy.
El 31 de octubre pasado, en el distrito del Congreso, la candidata del Partido Republicano renunció ante la amplia oleada de críticas de los conservadores, que dijeron que era demasiado moderada.
Aunque no sean proféticos, los resultados en las elecciones para gobernador, probablemente impulsarán la narrativa política, aumentando o disminuyendo la estatura política de Obama mientras intenta impulsar a un partido dividido.
El resultado podría, hasta un cierto grado, ayudar a medir si el triunfo de Obama el año pasado fue un fenómeno limitado a él o las primeras señales de una resurgencia demócrata a largo plazo. Y también podría ofrecer un indicio del pensamiento de los votantes independientes, el verdadero grupo inseguro de la política estadunidense que fue tan importante para el triunfo de Obama y que, sugirieron las encuestas, ha quedado desencantado por las políticas del presidente demócrata.
Considerando lo anterior, se debería prestar atención a lo siguiente cuando comiencen a darse a conocer los resultados.
1) Virginia. Obama ganó este estado convirtiéndose en el primer candidato presidencial en poner a Virginia en las filas demócratas desde 1964. Eso le ha dado a su partido la esperanza de haber encontrado una fórmula para ganar, en parte, apelando a los votantes independientes e impulsando la presencia de los demócratas en las urnas.
Con las encuestas sugiriendo que el candidato demócrata, R. Creigh Deeds, va a perder, esta es una pregunta importante en la noche de las elecciones: ¿votarán los independientes que siguieron a Obama por el candidato republicano, Robert F. McDonnell, tal como se prevé en dichos sondeos?
“Pareció que las políticas de la administración hundieron a Deeds en lugar de ayudarlo” dijo el senador John Cornyn, un republicano de Texas que dirige el Comité Senatorial Nacional Republicano. “Pienso que esto es lo más cercano a un referéndum sobre el presidente Obama y sus políticas que podría aplicar.”
2) Nueva Jersey. Gane o pierda, los resultados de esta contienda no dirán demasiado sobre el estado de los partidos ni en Nueva Jersey ni en el país. Pero una derrota para Corzine sería un dolor de cabeza para Obama, que invirtió capital político en esta contienda de una manera en la que no lo hizo en Virginia.
Eso, más que nada, podría ser un indicio sobre si Obama tiene o no la habilidad de mover a sus votantes por alguien que no sea él mismo. Esa es una lección que no pasará desapercibida para los demócratas del Congreso que se enfrentan a la reelección, y a los que el presidente les pide que voten de maneras que podrían perjudicarlos en las elecciones de noviembre.
3) Una victoria para los republicanos. Justa o injustamente, que los republicanos ganen en las contiendas para gobernadores probablemente sería interpretado como un veredicto sobre el primer año de Obama en la presidencia. Esto permitiría a los republicanos argumentar que el presidente se extralimitó y que ellos han evitado la caída. Este argumento podría facilitar que los republicanos recauden dinero y recluten candidatos para el año que viene. Y en Washington podría poner a pensar a los demócratas moderados que ya están preocupados por la reelección del año que viene, después de haber emitido votos controversiales por Obama.
4) El distrito 23 del Congreso, en Nueva York. Esta es una contienda que parece tener implicaciones nacionales claras. La contienda se convirtió en una lucha de dos sentidos entre un demócrata, Bill Owens, y un conservador, Douglas L. Hoffman, durante el fin de semana, después de que la candidata del partido republicano, Dede Scozzafava, renunció ante la oposición de los conservadores por su enfoque moderado en temas tales como los derechos al aborto, gays y algunas políticas fiscales.
Aun antes del día de las elecciones, el poder de la rama conservadora del Partido Republicano ha quedado demostrado. Si gana Hoffman, esto animará a los conservadores que han argumentado que es un error que los republicanos piensen que la única manera de recuperar el poder es comenzar a presentar candidatos más moderados.
Todo esto les ha dado a los demócratas un último destello de esperanza.
“La división entre los republicanos moderados y el ala más conservadora de su partido no se acabará el miércoles a la mañana”, dijo Tim Kaine, presidente del Comité Nacional Demócrata y gobernador saliente de Virginia. “Durará mucho tiempo.”
(c) New York Times
Traducción: Franco Cubello