Cuando se habla de objetos de culto en la música, podemos referirnos a distintas manifestaciones de la individualidad del artista: un álbum o un determinado atuendo, por ejemplo. Pero, entre todos, destaca el instrumento, el cual deviene emblema de su ejecutante y aun de una época. ¿Quién no evoca la parafernalia de los 70 y 80 del siglo XX al ver la trompeta en metal escarlata de Miles Davis? ¿A quién no, la mítica guitarra Fender Stratocaster, remite a la imagen de Jimmi Hendrix prendiéndole fuego en el escenario? No obstante, pocos instrumentos han sido capaces de ser en sí mismos un símbolo de algo mayor que el ego del ejecutante y convertirse en una tradición. El violín de Warlop es la muestra perfecta de este logro.
El violinista Michel Warlop (Francia, 1911-1947), figura en el jazz europeo y quien dirigió en su orquesta a Django Reindhart en la década de los 30, regaló a su compatriota Stéphane Grappelli uno de sus violines preferidos como patente reconocimiento a su gran talento. Con esto le pasaba la estafeta como heredero de la tradición del violín en el jazz francés. La tenencia del instrumento era una responsabilidad que Grapelli asumió plenamente. A partir de ese momento fue el indiscutido estandarte, no sólo nacional sino mundial, de la improvisación en el violín; y más aún, entendió también que este instrumento no le pertenecía: a su debido tiempo, debería ceder a un nuevo prodigio el preciado objeto. El siguiente dueño del instrumento fue el ecléctico Jean-Luc Ponty. Su trabajo al lado de Frank Zappa y sus improvisaciones y pasión en el álbum Visions of the emerald beyond de la Mahavishnu Orchestra, le valieron esa gran distinción. Posteriormente, Grapelli y Ponty, unidos en singular cofradía, decidieron otorgar el honor a un violinista que al morir la década de los 70 surgía como la promesa del violín jazzístico galo: Didier Lockwood. En un majestuoso concierto en el teatro de la Ciudad de París, Lockwood heredó el objeto que contenía la brisa y tormenta de tres gigantes del jazz francés.
¿Quiénes serán los siguientes herederos? No importa. El violín de Warlop, Grappelli, Ponty y Lockwood guardará triunfos y sinsabores, como la vida misma. Este “violín rojo” del jazz es el epítome de un objeto musical de culto.