Enriqueta Contreras es médica tradicional y su hijo médico alópata. Se apoyan mutuamente para tratar a sus pacientes. “Cuando me llega alguien que no puedo curar, por decir una persona que se le está reventando el apéndice, le digo que mejor lo llevo al hospital, o llamo a mi hijo y él hace su diagnóstico y no les cobra, les dice que si quieren él los opera y les cobra una cuota mínima, o los acompañamos al hospital”, afirma. Y a la inversa: “cuando mi hijo tiene un paciente que por ejemplo sufrió un accidente o que él se da cuenta que tiene susto, le dice: ‘yo le voy a dar este tratamiento, pero vaya con mi mamá para que lo cure de susto’, o cuando le llega alguien muy hinchado, me llama para que le prepare un té y yo se lo llevo”, cuenta doña Enriqueta.
Ella fue una de los cientos de curanderas y curanderos que colaboraron en la elaboración de los materiales que integran ahora la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana, obra recientemente creada por la UNAM con libros sobre el tema editados por el Instituto Nacional Indigenista (INI) –ahora Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI)– en los años 90.
Entrevistada en el marco de la presentación de dicha biblioteca, en donde participó como expositora, relató a MUNDO INDÍGENA un poco de su historia y su trabajo.
“Yo soy zapoteca de la sierra norte del estado de Oaxaca, mi pueblo se llama Benito Juárez y forma parte de lo que llamamos los Pueblos Mancomunados, porque en nuestros pueblos hay igualdad entre hombres y mujeres y todos trabajamos por el bien colectivo. En el aspecto de la medicina tradicional yo vengo de una larga descendencia de curanderos, mi abuela fue curandera y yo, gracias a Dios, tengo el don de la curación.
“Desde niña conozco las plantas medicinales, yo crecí en el campo, muy conectada con la naturaleza y yo misma empecé a probar las plantas comestibles, tóxicas y curativas. Respeto mucho a la naturaleza porque a medida que fui creciendo me di cuenta de que la madre naturaleza y el ser humano somos uno solo”, explica Contreras, quien es también partera.
Doña Enriqueta trabajó du-rante más de 20 años en el INI, primero como promotora de salud y después en otros cargos. A la pregunta de cuál fue su participación en lo que ahora es la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana, responde: “Los que participamos en lo de la biblioteca hicimos un trabajo bastante fuerte; desde 1975, cuando se iniciaron los grupos de los médicos tradicionales yo trabajé con el INI y me tocó recorrer todo el estado de Oaxaca, detectando a los curanderos de acuerdo con sus especialidades, porque en la medicina tradicional, así como en la alópata, hay especialidades. Por ejemplo los curanderos, los sobadores, las parteras, los que hacen diagnóstico con una vela o con el maíz…”
A partir de su trabajo como partera conoció diversas organizaciones y adquirió un reconocimiento internacional. Al respecto dice: “Pertenezco a la organización de parteras de Estados Unidos MANA (Midwives Alliance of North America) y viajo a dar conferencias a varios países, he estado en Estados Unidos, España, Canadá, Chile, Argentina y en otros. También recibo muchos estudiantes que vienen de universidades de otros países a tomar talleres de medicina tradicional y partería”.
Actualmente Enriqueta Con-treras tiene una clínica de salud en San Francisco Tutla, en las afueras de la ciudad de Oaxaca, donde atiende junto con una de sus hijas que está heredando el conocimiento. “Ahí atendemos partos, damos masajes, tratamientos, limpias, baños de temascal, de hierbas”.
Cuenta que tiene pacientes de distintas partes y que muchos oaxaqueños que viven en Estados Unidos se tratan con ella cuando vienen y después le piden les envíe sus medicinas, pues allá la atención médica es muy costosa.
“Yo no cobro la consulta, solamente si hay que dar un tratamiento y los medicamentos. Cuando viene alguien muy pobre no le cobro tampoco la medicina. Muchos médicos de bata blanca no entienden esa parte importante de que debemos tener un espíritu de servir y de entregarnos. Están nada más por lo que van a ganar, no por sanar; pero gracias a Dios así como tú das recibes, porque lo poquito que das Nuestro Señor lo reproduce y nunca te falta un bocado en la mesa” sostiene.
Cuando se le pregunta cómo diagnostica y cómo son sus tratamientos, intenta evadir la pregunta y finalmente habla del don de la curación: “Mucha gente no me cree porque ni siquiera la he tocado y ya sé lo que tiene, ahí es donde entra el don de la curación, eso no es cualquier cosa y el curandero debe estar bien física, mental y espiritualmente para poder hacer un buen diagnóstico; cuando yo estoy cansada, enojada o triste mejor no atiendo, porque no tengo nada qué ofrecer y para qué enfermar el alma del paciente”, explica.
Afirma que esos aspectos no los contempla la medicina occidental y que, si bien los médicos alópatas tienen un conocimiento, les falta el don y el saber tradicional “que tiene espíritu de vida”, por lo que deberían combinarse las dos medicinas para atender mejor a las personas. “Por ejemplo, los chinos no pueden ser médicos si no saben medicina tradicional, así debería de ser, la medicina tradicional debería estar en el cuadro de materias de los estudiantes”, abunda. Pone como ejemplo a su hijo, quien aprendió a atender con ella en las comunidades y después estudió la carrera de medicina, y cómo entre los dos, combinando sus saberes y experiencias, pueden sanar diversos males de la gente.