La ancestral pobreza que hay en México, ésa que durante siete décadas no pudo desaparecer y en cambio sí hizo crecer el régimen de partido de Estado del PRI, también ha aumentado durante los primeros dos gobiernos panistas.
En el actual sexenio la pobreza general, de acuerdo con los más recientes datos oficiales, se elevó de 42.6% a 47.4% de la población. Es decir, que pasó de 45.5 millones a 50.7 millones de pobres. Eso implica que hubo 5.2 millones más de mexicanos pobres en los primeros dos años del sexenio de Felipe Calderón. Dos millones 600 mil pobres más cada año. Cada día que ha pasado de este gobierno, un promedio de siete mil 123 personas han pasado a formar parte de los mexicanos pobres.
Las personas sumidas en la miseria crecieron de 13.8% a 18.2% de la población. Aumentaron de 14.7 millones a 19.4 millones de personas. Eso representa 5.4 millones más. Dos millones 700 mil miserables más por año. Cada día que ha transcurrido del actual sexenio, siete mil 397 mexicanos han caído en el abismo de la miseria.
Y eso que falta que concluya el peor de los tres años del sexenio —2009—, en el que la crisis ha perjudicado con más severidad a la economía (caerá entre 8 y 11 por ciento) y al empleo (los desempleados ya son 2.9 millones de mexicanos).
Lo peor de todo esto es que el futuro del país, de millones de mexicanos, parece que será espantoso: la mitad de los mexicanos miserables, los que sobreviven en “pobreza alimentaria”, quienes no tienen ni para comer, son menores de 18 años. Son nueve millones 800 mil niños, adolescentes y jovencitos que hoy son miserables y que mañana crearán familias paupérrimas con dos, tres, cuatro, cinco hijos sumidos en la miseria desde el vientre materno. Una cadena interminable, un círculo vicioso.
Si sexenio tras sexenio la pobreza y la miseria crecen, no hay que ser un genio para deducir que las estrategias para combatirlas —todas— han fallado. Cada año, cuando se anuncia el presupuesto nacional, escuchamos que el dinero para combatir esos lastres sociales “es histórico”, el mayor de la historia. La letanía discursiva no falla… y al final los pobres y los miserables siguen creciendo. Las limosnas del Ogro Filantrópico quizá han evitado que más mexicanos mueran de hambre o de enfermedades curables (y han logrado que esos menesterosos voten por la sigla que se las reparte), pero no han conseguido que la mayoría pueda desarrollarse.
Vivimos, en ese aspecto, en un Estado fallido. Y con políticos fallidos y ciegos que no pueden ver que las estrategias tienen que ser modificadas de raíz porque han sido un rotundo fracaso. Supongo que saben aritmética…