Que, por increíble que parezca, el gobierno federal no planchó con el Senado la aprobación de Arturo Chávez Chávez como nuevo titular de la Procuraduría General de la República.
No fue tan extraño entonces que la primera respuesta de los senadores del Partido Revolucionario Institucional haya sido muy poco entusiasta.
Chávez Chávez no es tampoco el procurador con el que soñó el presidente Calderón, pero, según esto, es el que más trabajo puede aportar en este momento. Si lo aprueba el Senado, claro.
Que, a propósito, entre los senadores del Partido Acción Nacional no cayó del todo bien la designación de Juan José Suárez Coppel como director de Petróleos Mexicanos.
Cuando el líder de la bancada, Gustavo Madero, pidió a los senadores Rubén Camarillo, Juan Bueno Torio y Fernando Elizondo que subieran a tribuna a fijar una posición al respecto, uno de ellos respondió: “Ni madres”. Y otro: “Si subo sería para putearlo”.
Que desde temprano, horas antes de que el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, hiciera la presentación formal de los proyectos de Presupuesto y Ley de Ingresos, la posición de los jerarcas priistas era ambigua frente al nuevo impuesto de 2 por ciento contra la pobreza.
Se perfila que lo apoyen, pero no en alimentos y medicinas, ya que, dijeron algunos, es un absurdo cobrarles más a los pobres para devolverles ese dinero quién sabe cómo y quién sabe cuándo.
Que quien se iba a quedar con las llaves en la mano fue el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard.
Tenía programado entregárselas a eso de las 7:30 de la noche al secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, quien además sería declarado huésped distinguido de la ciudad.
Pero el coreano Ki-moon estaba en otro lugar y en otras cosas, acompañando al presidente Calderón y al gobernador Enrique Peña Nieto en un recorrido por las zonas inundadas de aguas negras del Estado de México.
Que, siguiendo con el tema, el caso Sodi puso hielo a la brevísima luna de miel entre Ebrard y Calderón.