Si se abren las páginas con el ritmo de la lectura, se encontrarán a un Alfonso Reyes que se capta desde el nivel receptivo de Ignacio M. Sánchez Prado, con “Cuatro intervenciones contracanónicas”, algo así como un swing con efectos luminosos, como para no acabar de conocer la obra de tan genial autor. De ahí llegamos a otras luminosidades, partituras vueltas poesía con Natalia Toledo, con “Te digo una cosa”, en su lengua madre y en el español nuestro de todos los días.
Para no quebrar el ritmo Sebastián Pineda Buitrago aparece para mostrarnos al crítico smoth que lleva dentro: “Adolfo Castañón: Una crítica de las cultura desde Hispanoamérica”, para ya adentrarnos a un mundo de recurrencias y lecturas, de lenguajes y hasta mitos, con esa notas en que la revista se empieza a poner buena.
Rodrigo Guajardo firma un “hangares temblando”, como atendiendo los destellos shuffle (según los expertos: “Un ritmo de cuatro compases con un muy exagerado sentido del swing”). Y de aquí para el real no se acaba el score. Admito que este poema se puede acompañar con los compases de Thelonius Monk, y leerlo en voz alta: “ah el oro excavado en mis ojos/ah la impresionante mina/tú vas a durar, tú vas a ser/el fin que nadie vea”. Lo de la música está plenamente autorizado por el poeta.
Y de aquí brota el jazz en esencia pura. Jaime Villarreal y su ensayo dedicado a “El perseguidor”, cuento de Julio Cortázar que admite haber leído como 20 veces, con el que casi sentimos el bebop puro, impregnado de matices a sax alto y potencia del aliento. Una revisión al crítico Bruno y demás detalles de Johnny Carter, personajes centrales del cuento, a pluma bien encauzada y además sellando genial partitura-ensayo con un Cortázar jazzeando: “siempre que hablo de jazz me sale una voz pareja”. Este texto se hizo acreedor al premio Magdalena Mondragón. Para la lectura del mismo es casi explícito que se puede balancear con Charlie Parker al sonido del estéreo bien ecualizado. Claro, luego de leer además el cuento del autor argentino del Boom.
Blues disciplinado
Bill Evans viaja al centro del disco Kind of blue y le impregna su comparativo con la pintura, esa suerte de arte que guarda estrecha relación con el jazz, puesto que son a un solo trazo, y todo lo que se captó, se escucha gracias al recurso de la improvisación. En una traducción de José Juan Zapata Pacheco, el músico destaca en formas compositivas del disco, stride de un genio que colaboró en la mítica producción. Y siguiendo en el woodwind, se detiene en “Estreno: Kind of blue”, poema de Michael S. Harper donde exalta “el sólo una vez en una vida” quedan las notas a pedir de aliento, en esa suerte de “Miles preguntó/nosotros respondimos”, escritor emparentado con la cultura del jazz allá por los años treinta y que en sus palabras capta la esencia del trabajo del músico nacido en Illinois en 1939 y que murió en Santa Mónica en 1991.
El walking se vuelve efectivo con el estudio detallado del “Hombre de la trompeta”, de Daniel Herrera, y “Carlos Velázquez, con “La educación sentimental de un combo líder”, adentrándose en las partituras de un genio que concibió las grabación hace 50 años. Un contexto histórico y social, casi desde el origen de la obra: la tristeza indefinida, el arte volcado desde la cultura afroamericana. Fresco que radiografía el arte compositivo de un autor que se resiste a las fijaciones del tempo, y que aún hace vibrar con “So what”, “Freddie Freeloader”, “Blue in green”, “All Blues” y “Flamenco sketches”, las cuales, en palabras de nuevo de Evans, se pueden tocar hasta la saciedad, y más en la sabia compañía de Julian Cannonball Adderley, Wynton Kelly, Bill Evans, Paul Chambers y Jimmy Cobb.
Y para cerrar bien el ciclo Andar a la redonda, se secciona la rutina armoniosa para culminar con el vibrato verbal: “Negro en blanco” de Gerardo de Jesús Monroy y lo que siente en las notas, lo que se explora: “esto es sólo la música/como decir: esto es el ser” y Daniel Fragoso Torres con “Retiro sketches sound” asimilando la tonalidad: “Esta noche de laberínticas fracciones azules/extiendo las redes sobre el silencio”.
Encores
Como bonus traces un bien entonado Rodrigo Fresán y sus atinadas teorías del best-seller, un destacado Eduardo Antonio Parra con la novelada histórica, un “Tom Waits en la rocas”, para goce pleno del alma ya de por sí bluesera, y con un tono más crítico una reseña sobre El mundo femenino en la obra de Manuel Puig, de su servidor, a cargo del maestro Agustín García Gil, entre otras no desentonadas cosas.