A la economía de México le pasa lo que al cuate que lo trasladan al hospital para atenderlo de una bala en el estómago que le dispararon unos malandrines y en el trayecto la ambulancia choca contra un poste.
Acto seguido los malandrines le echan la culpa al poste del enorme hoyo que trae en la panza el infortunado cuate.
Digo que a nuestra economía le pasa lo mismo, porque a los políticos les cayó de perlas la crisis internacional.
Resulta que ésta es ahora la responsable de la problemática que enfrenta una economía mexicana caracterizada por sus viejas incapacidades.
Incapacidad para crecer, incapacidad para generarle a la comunidad empleos dignos y suficientes, incapacidad para atraer destacadas corrientes de Inversión Extranjera Directa, incapacidad para incentivar el desarrollo vigoroso de la pequeña y mediana empresa.
Ahora resulta que la crisis internacional también explica los nuevos indicadores de pobreza; flagelo que, de acuerdo a Coneval, afectó en el 2008 a cerca de cincuenta y un millones de mexicanos, seis millones más que en el 2006.
Desde Carlos Salinas hasta Felipe Calderón, el Estado Mexicano ha derrochado miles de millones de pesos en programas asistencialistas, cuyo objetivo ha sido el combate a la pobreza.
Aunque para muchos “sospechosistas” los verdaderos objetivos han sido la conquista del voto electoral a favor del partido en turno.
Pero independientemente del “sospechosismo”, el hecho es que ha resultado un rotundo fracaso y un desperdicio de recursos el haber pretendido combatir a la pobreza con ese programa de Sedesol que cambia de nombre como usted y yo de calzones:
Solidaridad con Salinas, Progresa con Zedillo, Oportunidades con Fox, Vivir Mejor con Calderón. Nombres sugestivos de políticas públicas regresivas.
¡Sí!, regresivas, porque no han resuelto el problema de marginación y sí han distraído recursos de la sociedad que pudieron haberse concentrado en educación o utilizado en ampliar la infraestructura productiva, en incentivar la investigación, el desarrollo y la innovación, en promover el desarrollo de la industria del conocimiento.
Destinos del gasto público que en los países emergentes, campeones del crecimiento, generan muchos y buenos empleos.
Y eso, un buen empleo, es lo que saca de la pobreza a cualquier ser humano.