Lo que comenzó como una broma se está convirtiendo en el movimiento ciudadano más lucido, original, diverso y vivo de los últimos tiempos en Jalisco.
Hace apenas un par de meses, Carlos Delgado, tuvo la puntada de lanzar a su perro como candidato a… en realidad como candidato a todo y a nada, porque nunca se especificó para qué puesto contendía el chuchito llamado Fidel. Y la puntada tuvo la virtud de poner rostro a un movimiento silencioso que se gestaba entre jóvenes inconformes, o inconformes no tan jóvenes, que luego se conoció como los anulistas, entre los que había gente que en otros tiempos formó parte del sistema de partidos, gente sin muchos argumentos que seguía la corriente como borrego, pero también destacados intelectuales, académicos y activistas cuya conciencia no es manipulable y cuyos argumentos son brillantes.
Más que no votar porque ninguno de los candidatos les llenaba el ojo, el movimiento anulista fue una respuesta clara de la ciudadanía que estaba, y está, hasta la madre de que los políticos de cualquier signo sean incapaces de representar los verdaderos intereses de la gente, de que cuando llegan al poder y ganan bien se olvidan de los ciudadanos, de que se corrompan y obedezcan a intereses de grupo, de que el poder, el presupuesto y las prebendas sean su cotidianeidad, y un largo, muy largo etcétera. A esos fue a los que les puso rostro Fidel.
Pero también es el rostro del otro movimiento, el de los abstencionistas que decidieron concientemente no votar el pasado 5 de julio, los que más allá de la hueva, optaron por no ir a las urnas como una manera de no legitimar un sistema electoral cooptado por los partidos para favorecerse, como una forma de desconocimiento a instituciones electorales que ya no funcionan. Entre ellos hay ex militantes de partidos, uno que otro borrego y muchas mentes brillantes.
Y más, Fidel es también el rostro de quienes sí votaron, sobre todo de los que votaron por un partido diferente al que está en el poder con la esperanza de cambio, con la idea de que poniendo al otro se romperá la cadena de corrupción, autoritarismo y cínica autocomplacencia de los que actualmente nos gobiernan. Entre ellos hay ex militantes de algún partido que los decepcionó, varios borreguitos y también inteligencias privilegiadas. Ellos también son Fidel.
Para decirlo claramente, Fidel se está convirtiendo en icono y rostro de una parte importante de la sociedad porque además de bajar a los animales a su altura –y no al revés–, les recuerda a los políticos que ellos fueron los que rompieron el pacto democrático consagrado en nuestra Constitución y que es la verdadera causa por la que votamos. ¿Por qué votamos? Votamos porque este es un sistema representativo, y yo como ciudadano le cedo mis decisiones a un político que me representa, territorial o ideológicamente, y por lo tanto estoy seguro de que luchará como un perro por defender mis derechos e intereses. Pero más aún, velará por su comunidad, incluso por los que hayan votado por otro partido y hasta por los que no hayan votado.
Pero no, eso es algo que no está pasando, eso es algo que los tres grupos que he descrito están reclamando y eso es lo que representa Fidel: un perrito irracional que sería capaz de tomar mejores decisiones que la bola de huevones y gandayas que mantenemos con nuestros impuestos. Un perrito que por lo menos nos mueve la cola cuando nos ve, en lugar de voltear la mirada porque, salvo en las campañas, no somos dignos de él, como los políticos.
Fidel es el símbolo visible que articula la esperanza de millones de personas que están haciendo un último llamado a la clase política para que escuchen, atiendan y consientan a los ciudadanos. Por eso hay que apoyarlo, porque con sus ladridos se está convirtiendo en una molestia para la clase gobernante y será como una especie de ladilla, o para decirlo de forma más linda, un grillito cantor, que les recuerde a los privilegiados integrantes del sistema de partidos que tienen conciencia y libre albedrío y que su patrón se llama ciudadano, no partido, no gobernador, no presidente, su patrón se llama ciudadano.
Ese cambio de chip en las neuronitas de la cabecita de los políticos es lo que puede lograr Fidel si sigue por el mismo camino, y también puede lograr que la gente, tradicionalmente apática de estos rumbos de Dios, despierte y se dé cuenta de que quejarse, inconformarse, pero sobre todo exigir a los representantes es un deber ciudadano. Si esas dos cosas se logran, no nos quedará más que decir: ¡Guau!
Grava
Mañana es mi cumpleaños. Regálame una canción poco común que para ti sea un tesoro. La puedes enviar por mail a…