Si las mexicanas al votar por candidatos les diéramos el mismo porcentaje que sus partidos les otorgaron a las mujeres a cargos de elección, serían pocos los hombres ganadores.
Y si nos informáramos sobre la actitud machista de algunos, la nula o poca acción a favor de nosotras, también quedarían descartados otros tantos.
El 5 de julio sería un hecho insólito, por los porcentajes bajos y los triunfadores con escasa legitimidad, por parte de poco más de la mitad de la pobladores de este país, que somos las mujeres.
Pero no se asusten (a los que les queda el saco). Ese futuro inusual de las próximas elecciones, no será posible (¿o es que se lo merecen?) porque a pesar de que hace 56 años tenemos derecho al voto las mujeres en México, aún falta camino por recorrer en nociones y conciencia política.
La verdad es que aunque las mexicanas cada vez nos inmiscuimos más en asuntos de participación (40 por ciento de la clase trabajadora somos mujeres) todavía las hay, que las rigen la indiferencia y la comodidad para que otros decidan.
Cabe preguntarnos entonces: ¿Por quién votan las mujeres?
Menos que los hombres, pero existe el voto duro. Son de aquellas mujeres que militan en algún partido o que la costumbre por sus años, no las deja ver más allá que el miedo al cambio.
También las hay, que lo único que les falta, es que su esposo, hijos, papás o hermanos, vayan junto con ellas a las urnas y les muevan las manos para votar por el que ellos quieren.
Pero la influencia no sólo es familiar, las hay que es tanto su lazo y manipulación de sus amigas que frecuentan, que bien podrían emitir el voto en grupo y por el grupo.
Aunque nos parezca de lo más tonto y absurdo, hay quienes votan por el más guapo, el más conocido o el que les dicte el azar en el último momento.
El grado máximo de las anteriores, son las que dentro de sus planes, no existe el asistir a las urnas, porque aún se la creen, que todavía no es asunto de mujeres.
La salvedad del asunto son quizá las menos, las que se informan, conocen la trayectoria de los partidos, de los candidatos, analizan y llegan a su propia decisión.
Decisiones que pueden ser: elegir al que está en el poder, al que se fue y añoran, al tercero en discordia, a los que les aconsejó el presidente legítimo, a los chiquitos para que mantengan su registro o a las que creen que anulando su voto, su acción intimida a los partidos o tendrá alguna utilidad.
Después de todo, lo importante es que mientras más mujeres participemos de manera responsable al votar, al ser elegidas y a solidarizarnos con aquellas pocas que rigen las naciones del mundo, (como son nueve de los 202 países existentes) a quienes en nuestro país luchan por ser líderes (sólo dos secretarías de Estado e igualmente gobernadoras) entonces tendremos una real democracia, sin visión androcéntrica.
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