
Foto: Edgar Garrido / Reuters
El problema de contemplar las situaciones políticas bajo la óptica de una ideología es que ésta se convierte no en una herramienta de análisis libre y objetivo, sino en un fardo que todo lo esquematiza y todo lo prejuzga. La carga ideológica impide ver las cosas como son y nos lleva a los terrenos de las recetas preestablecidas y casi siempre, si no es que siempre, maniqueas. Es el caso del reciente golpe de Estado en Honduras.
La primera reacción de la gran mayoría de los observadores y de quienes ni siquiera observaban hacia aquel país centroamericano fue la de condenar en automático al putch militar contra el presidente Manuel Zelaya. El funesto recuerdo histórico de los golpes de Estado de los años setenta en Sudamérica hizo revivir la infausta memoria de los sangrientos gorilatos de los Pinochet, los Videla, los Stroessner. Fue una reacción en cierta forma pavloviana. Se escuchó la expresión golpe de Estado y se le condenó enseguida, sin matices, sin atender a antecedentes, sin profundizar en la situación particular y específica del actual contexto hondureño. Coup d’État igual a represión, a campos de concentración, a presos políticos, a cárceles clandestinas, a desaparecidos, etcétera. Se le repele, se le exorcisa sin más. Sin embargo…
Me confieso igual de ignorante que la mayoría de quienes ahora opinan con un supuesto conocimiento de causa que impresiona. Simplemente, he tratado de averiguar qué sucedió y por qué sucedió, quiénes son los personajes de esta historia y cuáles las razones de su comportamiento. Entonces me encuentro con un señor como Zelaya, que pretendió cambiar
la constitución de Honduras para reelegirse, como lo hizo Hugo Chávez en Venezuela y veo el apoyo irrestricto del propio Chávez a Zelaya y…, bueno, se necesita ser muy ingenuo (o hacerse el idem) para no ver lo que hay detrás de todo esto.
No estoy de acuerdo con los golpes de Estado, pero tampoco con la perpetuación en el poder de los nuevos gorilas “bolivarianos” (y menos estoy de acuerdo con que se me haya terminado el espacio, chin).
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