El PRD enfrentará a partir del 6 de julio un proceso de reestructuración interna, frente a la profundización de las diferencias entre sus corrientes.
El bloque de Nueva Izquierda y sus aliados, impulsor de la expulsión de Andrés Manuel López Obrador y aquellos perredistas que respaldaron o fueron candidatos por otros partidos, esperará por lo menos hasta que se realice un Congreso Nacional refundacional, previsto para octubre, en el que cada militante “definirá si se va o se queda”, aseguró Jesús Zambrano.
Aclaró que a diferencia de Rosario Robles en 2003, el presidente del PRD, Jesús Ortega, no tiene pensado renunciar a la dirección del partido, a partir de los resultados que obtengan en las elecciones.
En el mismo sentido se pronunció el coordinador nacional de Nueva Izquierda, Miguel Barbosa, quien admitió que la expulsión de López Obrador “es un asunto político que no se resuelve mediante un proceso ordinario”.
Hace dos semanas, admitió que “habrá muchos valientes” en el PRD que presenten una queja contra el ex candidato presidencial por las flagrantes violaciones que ha cometido a la normatividad interna.
Ortega tiene programado emitir una declaración política el miércoles, con una postura firme respecto a la permanencia de López Obrador y las corrientes que respaldan su actuación en Iztapalapa.
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