Osbaldo Esquivel Lucatero, alcalde de Buenavista Tomatlán, Michoacán, no pudo iniciar sus discursos más que con lágrimas. En los dos actos de bienvenida que tuvo el pasado miércoles su voz se quebró al tratar de dar su mensaje. Los sentimientos contenidos durante 33 días de detención finalmente fluyeron.
Desde el pasado 26 de mayo el alcalde no pisaba su municipio. Fue detenido por el Ejército mexicano junto con 27 funcionarios michoacanos. Fue trasladado a Apatzingán y después al aeropuerto de Lázaro Cárdenas. De ahí lo condujeron a Zihuatanejo para arribar finalmente a las instalaciones de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), en el Distrito Federal. En ese momento todo era confusión.
“Siendo sincero, pensé que nos iban a dar alguna plática sobre seguridad. Nos comenzaron a preguntar nuestros nombres, a hacer pruebas de voz, pruebas de caligrafía, huellas, muchas firmas en documentos... Cuando vimos que nos estaban fichando, todos empezamos a preocuparnos y empezamos a ver que la cosa era seria”, explica el alcalde liberado.
Al presidente municipal de Buenavista, al igual que sus homólogos de Coahuayana y Aquila, Audel Méndez Chávez y José Cortez Ramos, respectivamente, se les levantó el arraigo el pasado 29 de junio. En principio las autoridades los acusaron de recibir pagos del grupo delictivo La Familia michoacana, mientras a 27 funcionarios michoacanos se les sometió a proceso penal. A estos tres ediles no se les comprobaron conductas delictivas.
Durante el arraigo Esquivel Lucatero pudo conocer a fondo a Méndez Chávez y Cortez Ramos, hoy también en libertad. También convivió con los michoacanos que fueron trasladados al penal federal de Nayarit.
“Allá va mucha gente inocente, así como nosotros. Ojalá que se les dé la oportunidad de que lo demuestren a tiempo. Son personas respetables y merecen toda la consideración del mundo”, señala el michoacano.
Primera aparición
El miércoles pasado, el alcalde apareció en público por primera vez desde el arraigo en la capital. Lo acompañó su esposa Leticia Larios. Estuvo en la explanada del palacio municipal, donde fue colmado de abrazos. Después fue a una comida en la unidad deportiva de Buenavista.
Con mantas, pancartas y porras, algunos ciudadanos mostraron su alegría por el regreso del edil. Antes habían mostrado su solidaridad en dos marchas que realizaron en la Ciudad de México, durante la estancia de Esquivel Lucatero en la SIEDO.
Durante la charla no deja de hablar de Dios y reitera su catolicismo. Asegura que las oraciones que se hicieron en iglesias de Buenavista, así como en Estados Unidos, sirvieron para que hoy se encuentre en libertad. Un día antes de su liberación se organizó en este municipo una misa para pedir que el alcalde regresara.
En esa ocasión se abordó el Evangelio de Lucas: “Ningún siervo puede servir a dos amos porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo”.
Regreso al pueblo
De vuelta a su tierra, el alcalde se queja de que la PGR lo haya exhibido como delincuente, aunque adelanta que no presentará alguna denuncia por difamación. Está de acuerdo en que la lucha para erradicar el narcotráfico —algo cotidiano en los municipios de Tierra Caliente—, pero no comparte los métodos del gobierno federal. Considera que primero se les detuvo y luego se les investigó. Osbaldo Esquivel Lucatero prefiere olvidar lo que le sucedió.
“Lo que quiero es disfrutar a mi familia. Me privaron cerca de 40 días de mi vida. Por cierto, lo tomo como un sueño, lo tomo como algo oscuro en mi vida y quiero olvidarlo”.
Pero el olvido no borra el temor. Reconoce que hay temor de regresar a la presidencia. Y no es para menos. Los últimos dos alcaldes de Buenavista tuvieron finales trágicos. Fernando Chávez López y Jorge Ortega Farías murieron por las balas de la delincuencia organizada sin que hasta ahora haya responsables.
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