Uno de los más irreprochables funcionarios en el gabinete federal es Daniel Karam, cuyo bautizo de fuego en la Dirección General del IMSS ha sido la tragedia en la guardería de Hermosillo.
Su responsabilidad es tan grande y compleja que puede entenderse que con tres meses en el cargo Karam ignorara entresijos como los de la operación de las más de mil 500 subrogaciones.
Por eso el 10 de junio, con Joaquín López-Dóriga, prometió dar a conocer la lista de accionistas y directores de ese tipo de establecimientos, pero no ha podido cumplir su palabra.
María Marván, comisionada del IFAI, despejó la incógnita con Carlos Puig:
“Nadie sabe dónde están esos contratos (…). Están dispersos en las delegaciones, en las oficinas centrales (…). No podemos seguir pensando que el encargado del archivero sea el castigado; a quien mandamos al sótano húmedo, sin recursos, sin estudios, sin preparación…”.
Con tan pinche infraestructura burocrática, es imposible que haya transparencia y se explica mejor la prevalencia de la canija impunidad.
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