El secretario del Trabajo y Previsión Social, don Javier Lozano Alarcón, fue mal asesorado cuando decidió acudir a Monterrey en apoyo de los actos de cierre de campaña de su partido: primero escogió presentarse en La Risca, un barrio de siempre rijoso donde hasta el día de hoy los policías, si es que se atreven, tienen que pedir permiso para entrar.
Luego quería presumirle a la colonia Independencia, la cuna del lumpen proletariat del norte, la generación de empleos que su Presidente ha prometido sin cumplir. El perverso de Adalberto Madero, alcalde de la ciudad y compañero de excusión, sin duda no lo previno.
Una cincuentena de ciudadanos, mayormente mujeres, les dio una enfrijolada a los dos funcionarios panistas en medio de protestas que impidieron el acto celebrando la generación de empleos. Los frijoles, para fortuna de todos, estaban crudos.
El señor Lozano Alarcón, raudo y veloz, acusó al gobierno de Nuevo León de haber orquestado el acto de protesta, y puede que tenga razón. Prometió —y los neoleoneses se lo agradecen— que no va a regresar al estado.
Lo que no entiende el secretario del desempleo es que lo que estuvo sucediendo hasta ayer en el mundo preelectoral mexicano estuvo haciendo la chamba que a él le corresponde, dando trabajo a miles de mexicanos.
Pegúntele a las estrellas de los cierres de campaña en el estado norteño: Adal Ramones, Carmen Salinas, Ninel Conde, Bronco o Raúl Araiza. Los Temerarios, la Banda del Recodo o Intocable. Eso, por citar algunas estrellas caras, en persona o en la tele.
Las damas que lanzaron frijoles al secretario del Trabajo y Previsión Social también cobraron una lana por su actuación, aunque yo no sepa dónde. Donde sí sé que cobraron los activistas del PAN entre 450 y 750 pesos por piocha fue en la sede del partido. De la misma forma, gracias a las campañas que ya terminaron por fortuna, miles de mexicanos desempleados tuvieron la rara oportunidad de llevar el chivo a la casa.
Si esto suena a queja, estoy equivocando mi oficio. Yo celebro que la más importante ceremonia del ejercicio de una supuesta democracia, que es la votación, tenga al menos una consecuencia plausible, la generación de empleos, aunque sean de la economía informal y de corta duración. Pero, como diría mi abuela, peor es chile y lagua lejos.