Un salmón, escribe M. Lachs en De la vida de los salmones, “gusta de manera tan intensa como extraña la aventura y los desafíos”. Luego de nacer solo, roto el cascarón que lo arropa, lo que le espera no es sino arrojarse “intrépido a las vertiginosas aguas que lo llevarán a la mar incógnita”. Avanzando siempre: “en sentido contrario”.
En esa misma dirección fue en la que, durante ocho años, Marcelino Perelló transitó cada martes, de once de la noche a dos de la mañana, la emisión de Sentido contrario por la frecuencia de Radio Universidad. La madrugada del miércoles, a eso de las tres y entre gritos, sombrerazos y “Las golondrinas”, el programa cumplió “un primer ciclo”, con la amenaza de regresar en nuevo formato a partir del próximo 28 de julio.
Para el fin de fiesta, el mismo Perelló (y sus colaboradores, en su mayoría jóvenes universitarios) organizó una celebración “al aire” que tuvo como invitado al periodista Ciro Gómez Leyva, director editorial adjunto de MILENIO. Pero los convidados fueron muchos: lo mismo radioescuchas que hasta la mesa de transmisión enviaron, como cada semana, llamadas de aprobación y reclamo, y un centenar de asistentes al caserío que alberga el Orfeo Catalá, en la colonia Juárez.
“Todos nosotros, pues, los salmones”, sentenció Perelló, “de manera que pueden cortar la transmisión porque no va haber nadie para escucharla”. Aunque hubo más, entre salmones y no, a quienes el líder histórico del movimiento de 1968 invitó a la mesa: Carlos Marín y Carlos Puig, director general y colaborador de MILENIO, respectivamente, Alma Rosa Jiménez, directora del Museo Universitario del Chopo, patrocinador del programa, y Lupe, la más fiel seguidora de Sentido contrario.
Saludos de bienvenida y presentaciones, anécdotas y los dos últimos toritos (preguntas que Perelló hizo durante los ocho años a los radioescuchas), sin quedarse fuera, por supuesto, los temas de la agenda política nacional e internacional poblaron la última emisión de Sentido contrario. Condimentada, en paralelo a los tragos y las botanas de la cocina catalana del Orfeo, con la presencia musical de Björn Cárdenas y Jeanette Macari.
Noche de recuerdos también. A quienes por el programa de Perelló pasaron: Enrique Krauze, Jorge Castañeda, Guillermo Samperio, Raúl Anguiano, el Güiri Güiri, Pablo Gómez, Joel Ortega, Leonardo Valdés, Cuauhtémoc Cárdenas, Javier Solórzano, Quilapayún y un larguísimo etcétera.
Evocaciones con acento desenfadado, otro de los tonos del programa, como la expuesta por Gómez Leyva quien, en plena crisis de intervención en Irak, le escuchó a Perelló una peculiar traducción de “La respuesta está en el viento” (Dylan) en la que cambió palomas por perros en los aires. O la otra, también traída a cuento por el director editorial adjunto de MILENIO, en la que Perelló dilucidó sobre la Santísima Trinidad. Aceptaba la figura del hijo, con sus reservas ya que podría ser un luchador social; la del padre, con un poco más de peros, ya que se habla de que podría ser un carpintero; pero nunca la del espíritu santo, porque “esas sí ya son mamadas”, resumió Gómez Leyva.
Ya cerca de las tres de la madrugada, después de que Carlos Marín, director general editorial de MILENIO, “alborotó el cónclave” al manifestar su certidumbre de que son “fascistas quienes persiguen a la libertad periodística”, así como su rechazo “a los intelectuales y periodistas legítimos...” (en alusión directa a algunos partidarios de López Obrador), la fiesta entró en la recta final.
Sentido contrario cierra transmisiones. Pastel. La voz de Marcelino Perelló se hace cada vez más ronca, y una mirada tierna y luminosa, algo perdida, surge como despedida.