Tierra Caliente,Guerrero. El lunes en la madrugada, frente a su casa, el candidato a diputado por el PAN Jorge Camacho se percató que su camioneta ardía. Primero escuchó tronidos; luego, el incendio. Todavía no hay resultados de la investigación y el cascarón del vehículo calcinado aún se encuentra en el lugar del atentado. Ese mismo día se propuso hacer una marcha, y hoy la llevó a cabo en esta región de la Tierra Caliente, donde 12 municipios están sembrados de inseguridad.
No fue fácil, pero lo logró. Elprimer obstáculo fue la lluvia. Luego, la insolación, en medio de 40 grados centígrados; después, mientras transcurrían las 10 horas, los calambres y la congoja de quienes lo acompañaban. Temprano se le veía contento en Arcelia. Desde una casa próxima a la plaza central, esperaba la hora. Entonces escampó. Y sus camaradas se concentraron en torno de él, con sonido y el parafraseo de conocidas canciones, y se encaminaron hacia Ciudad Altamirano, donde tiene su domicilio.
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Y ahí va Camacho, casi a zancadas, y su caravana lanza pitidos con los cláxones. Cielo nublado que se despeja rápido. En la salida de Arcelia se le une el presidente estatal del PAN, Carlos Arturo Millán, quien deberá hacer varias escalas debido a su frágil condición física. Camacho, por su parte, lleva un trote uniforme. “Yo por ese cacho voy a votar”, coreaban mujeres a su paso, mientras él saluda con el puño en alto.
Pronto suman los 20 kilómetros. Todavía hay frescura en su rostro. “¡Vamos a salir de este bipartidismo que mata a nuestra sociedad!”, convoca el del micrófono. En el bordo de la carretera, un grupo de mujeres lo recibe con puñados de pétalos. Camacho, ya tostado por sol, sonríe. En los 30 kilómetros, ya con los primeros síntomas de cansancio, se detiene y mete los pies en una tina con hielo.
—¿Cómo te sientes?—se le pregunta.
—Entero, adolorido, pero bien.
En la comunidad El Tanque, municipio de Tlapehuala, lanzan porras y aplausos a su paso, y le dan peticiones por escrito. La gente de su equipo regala playeras con el logotipo del PAN y su “guerrero”, como anuncia el locutor ambulante.
15:50 horas. Un agente de la PFP lo alcanza y le pasa el teléfono. Es una llamada del secretario de Seguridad Pública del DF, Manuel Mondragón, quien se pone a sus órdenes y ofrece su solidaridad. Camacho, exhausto, la agradece.
Y se detiene. Las mujeres lo rodean y le echan aire. Está sofocado el hombre. Ya resiente el cansancio. Su paso ya es más lento. Pronto resiente calambres. Lo frotan de laspantorrillas, la nuca y las manos.
—Ay, chulo, ya que le pare —ruega una mujer, quien se lleva las manos a la cara cuando lo ve sentado sobre la cararetera ardiente.
—Si ya sabe que la gente lo quiere, por qué hace eso —exclama la señora María del Carmen, oriunda de Ciudad Altamirano.
Doña Eva López Pineda, su abuela de 78 años, le trae limones y dulce de “panocha” —así le dicen al piloncillo por estos rumbos.
Pasa por la comunidad Tapatorillo. Alza las manos. En este pueblo lo reciben mujeres.
—¡Ya no lo dejen caminar! —grita una mujer.
Pero Camacho continúa.
Y otra vez aire con sombreros y agua sobre el cuello. “Un paraguas, tan siquiera”, grita una señora. Y más calambres, y entonces le dicen que se acueste sobre el asfalto,y él obedece.
—Compra xilocaína—sugiere alguien.
—No, eso le va a hacer más mal —prevé otro.
—Ya le dijimos que se subiera al carro, pero no quiere —dice una mujer.
—¿Ya fueron por el amoníaco? Porque antes, a los boxeadores, cuando los iban a noquear, les daban eso —comenta un señor.
“¡Arriba Jorge, estamos contigo!”, se escucha, mientras pasan automovilistas y lo animan. En los pueblos se unen vecinos para recibirlo con aplausos y vivas. “¡Y la gente se pregunta y esos quiénes son!”
¡Qué güevos de cabrón! —expresa un calentano.
Casi 40 grados.
Y en la cabecera municipal de Tlapehuala —“capital mundial” del sombrero calentano— lo esperan con banda de música.
17:25. A la sombra de un guamúchil se cambia de ropa, lo frotan, le untan crema bloqueadora en el rostro y lo soban. Todos están preocupados por mantenerlo en pie y por eso lo airean, sobre todo, las mujeres. Un masajeador le frota los pies.
—Hay mucha gente que pide que gane; ya hemos puesto, incluso, a todos los santos de cabeza —dice una maestra que bromea y piropea a Camacho, el hombre que está a punto de terminar la “marcha por la paz”, un reto que se propuso llevar a cabo como si pintara una raya blanca en una de las zonas más violentas del país.
19:35 horas. “Ya tiene más calambres”, se escucha. Y entonces su abuela le da masaje en las sienes y la espalda, y Camacho tomaagua. Cinco personas, cuatro mujeres y un hombre, su padre Jorge, lo masajean.
Y llega a los límites.
Y entra a Ciudad Altamirano.
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Y allá va Camacho, de pie en un camión de redilas, seguido por simpatizantes que gritan victoria e invitan a los demás a votar.
“El candidato no se raja: descansa”, bromea Raúl Palacios Delgado, presidente del PAN en Pungarabato, cuya cabecera muncipal es Ciudad Altamirano, “capital de la Tierra Caliente”.