Demetrius es un hombre medio idiota cuyo mayor éxito es que inventó una frase para vender lavadoras: “¡Doce meses sin intereses, mi canpión!”. Se casó con una mujer vulgar y promiscua, cría al hijo tonto de alguien más y carga con una suegra muda. No aspira a nada; su único temor es que una nueva tecnología desplace el lavado con burbujitas. Vive inmune a las utopías y a los sueños del resto de los seres humanos. Alguna vez quiso ser operador del Metro, pero ya se le olvidó.
Ésa es, a grandes rasgos, la historia que cuenta Demetrius, montaje de Víctor Castillo sobre un texto de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, LEGOM, en el que actúan el director, Azucena Evans y Carlos Cacho en el rol principal. La estructura del espectáculo se basa en un sistema de “dramaturgia narrativa” en el que estos tres intérpretes cuentan la historia mientras interpretan a varios personajes.
Lo primero que hay que decir de Demetrius es que su público ríe desde el principio. El corrosivo humor de LEGOM permite numerosas situaciones cómicas a los tres actores, quienes dan todo un show. El contenido de la obra es cosa aparte: el montaje hace énfasis sobre este sentido del humor, el pugnaz esfuerzo de LEGOM, Castillo y compañía por contar la historia de un sujeto que parece ridículo, pero que en realidad es un ejemplo patético de un país en el que casi nadie puede cumplir sus sueños, ni siquiera si éstos son enanos: Demetrius es un completo infeliz, pero está satisfecho, justo porque sus expectativas son minúsculas. No obstante, lo que sobresalen son las gracias, situaciones cómicas que, una vez planteados su forma y su tono, ya no cambian. En este ejercicio de “teatro platicado”, los personajes están apenas basados en uno o dos rasgos —un tartamudeo, un chal, un cambio de voz… Por momentos, la historia queda en segundo lugar, llega la siguiente gracia, y el conjunto termina por volverse predecible.
En ningún caso significa que el montaje no valga la pena: en Demetrius, el espectador encontrará no sólo un ejemplo del trabajo de su autor —le será muy familiar a quienes vieron Sensacional de maricones, también dirigida por Castillo—, sino, también, un buen paquete de ideas para pensar después de la función. Se presenta en el teatro Experimental los martes y miércoles de junio, a las 20:30 horas.
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