Yo también opino que hay que respetar los acuerdos de San Andrés. Sobre todo cuando alguien más nos critica y no lo respetamos a él.
En la asonada de las últimas semanas, Evodio Escalante señaló los préstamos de otros poetas en Tríptico del desierto, y al responderle, Javier Sicilia lo insulta.
No se puede decir “cerdo” a alguien sólo porque no concordamos. En un debate literario, hacerse el ofendido (…y ser el mayor grosero) ¡es chapuza!
Sicilia perdió lo poético. Su reacción más parece propia de la mafia siciliana que de un autoproclamado evangelista.
La palabra “plagio” en Escalante aparece como pregunta. No acusa. Aunque, caramba, provoca.
Escalante podría parecer conservador. Pero hay que agradecerle que anime la discusión: la literatura mexicana actual es aburridísima. A falta de obras maestras, ¡mínimo polémicas!
Sicilia no plagió nada. Pero en libro con mucha deuda externa se les señala con cursivas o nota; tal es la usanza contemporánea.
En “Verbo y poesía”, su alocución al Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2009, Sicilia remonta a la “larga tradición de poetas a la que pertenezco, la del cristianismo en su rostro católico”. Sólo que resulta incongruente decirse amoroso del prójimo y al primer pretexto llamarlo cochi “pequeño burgués”.
Yo, por eso, apenas escucho la palabra cristiano, me escondo de la policía. Y, por otro lado, me molesta cuando Sicilia, indignado y poniendo palabras en otros, llama a san Juan de la Cruz, “güey”.
Propongo que a Juan le quitemos lo “san” y le devolvamos su humana dignidad, y a partir de hoy le recordemos como Juan de Yepes (a ver si así me gano respeto haciéndole creer a la gente que somos parientes).
Otra incongruencia: Sicilia mismo acepta que la apropiación —un método posmodernista— es protagonista en su poética, pero, adyacente, indica: “La palabra, el verbo, viene del vacío del silencio… desde ese hueco se escribió Tríptico del desierto”.
Despaciemos la baraja: entonces ¿viene la poesía de la intertextualidad? ¿O de la nada? ¿En qué quedamos?
Sicilia, en su poética explícita (romántica-cristiana) contradice su poética práctica (desconstructiva). Éste es el meollo del debate.
No que haya plagio o si sea válido el remake —lo es siempre y cuando no rebase cierta proporción y avise o guiñe—, sino que no hay coherencia: Sicilia no parece consciente de que su discurso sobre la poesía como hija del vacío se opone a su discurso sobre la poesía como hija de la cita.
Estas incongruencias son sintomáticas de la poesía mexicana, cuyas mejores ideas son siempre malas ideas ajenas.
Cuando la idea no se desprende de la acción realizada sino de la Tradición —a propósito, ¿por qué con mayúscula? Ni que fuera la “Biblia”— la remezcla conduce a incoherencia.
Además, señor Sicilia, “Dios” no existe, déjese de cuentos.
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