Tengo un buen amigo colombiano que repite una y otra vez la frase: “Eso quería, eso topó”. No la dice para celebrar a quien logra un objetivo anhelado, sino para quien se da un encontronazo con el muro que la arrogancia no le permitió prever.
La muletilla de mi amigo se aplica hoy en día con exactitud a la cancillería del gobierno de Felipe Calderón. Pensaron hace un par de años, eran más inteligentes, hábiles y latinoamericanos que sus antecesores.
Fox, Castañeda, Derbez y quienes los acompañaron eran unos torpes, provocadores, ignorantes y pro americanos que habían echado a perder la tradicional y maravillosa relación entre México y la Revolución cubana.
Olvidaron en Los Pinos los insultos de Fidel Castro al primer presidente panista, la grabación y luego revelación de conversaciones privadas entre dos jefes de Estado, obviaron el papel de los cubanos en el asunto Ahumada y el presunto acto de espionaje que en su momento denunciara el secretario de Gobernación, Santiago Creel. Se embarcaron en la tarea de pedirle perdón al Comandante en jefe y ponerse a sus servicios.
Un par de voces advirtieron lo que vendría. Nadie los escuchó.
Festejaron en la cancillería y en Los Pinos la “normalización” de las relaciones, firmaron acuerdos, se prometieron amor eterno, los cubanos, en voz de Pérez Roque, perdonaron a estos nuevos mexicanos, tan diferentes a los canallas del pasado, y los mexicanos agradecidos prometimos que pronto, muy pronto, el Presidente iría a La Habana para ver a los Castro, sin pasar por las casas de los opositores, por supuesto.
Aplausos, ovación de pie.
Elogios múltiples de aquellos que llevan años obviando las atrocidades del régimen de La Habana (y que por cierto son, en muchos casos, los mismos que desesperan por la falta de democracia en México).
Al primer escarceo en serio, pasó lo que tenía que pasar: Fidel fue… Fidel.
“Nada ha cambiado en México en los últimos ocho años”, escribió, nostálgico del verdadero PRI, que el actual gobierno se empeñó en emular en sus relaciones con el exterior.
Convertido ahora en investigador médico, lecturas varias permitieron al barbudo mandamás de la isla llegar a la conclusión de que el gobierno mexicano mentía y había puesto en riesgo a la población mexicana y la del mundo, con tal de besar la mano del imperio —hay acaso otra razón válida para tal cosa— representado en Obama.
Calderón respondió en caliente, en los mismos días que llamó a los haitianos muertos de hambre: “iba a ir a Cuba, efectivamente en estos días, semanas, pero como Cuba ha impedido los vuelos de México, pues a lo mejor no voy a poder ir”.
El fuego había sido atizado.
Escribió de inmediato el ex presidente cubano que tan seguido reflexiona: “¿qué significa para Cuba una de estas epidemias? Nuestro país no tiene acceso a la compra de cualquier medicamento, materias primas o equipos o componentes de equipos diagnósticos que produzcan las transnacionales norteamericanas, en virtud de la extraterritorialidad que el gobierno de Estados Unidos ha impuesto al mundo.
“¿Por qué acusarnos de ser enemigos del pueblo mexicano cuando adoptamos medidas de antemano elaboradas para proteger a nuestro pueblo? ¿Quién le dice ahora a China cómo debe proteger a su población? ¿Por qué mentir? ¿Por qué hablar de supuestas represalias, como fue suspender un viaje ya suspendido? ¿Acaso es más importante el dinero del turismo y las líneas aéreas que la vida de un compatriota? ¿Por qué amenazar? Nosotros no somos culpables de las drásticas medidas que la epidemia obligó a aplicar al gobierno mexicano”.
Castro le dice mentiroso a Calderón, esa visita ya estaba suspendida.
Y para probar que sabe más y lo sabe antes que los científicos y que, por supuesto, él siempre tiene la razón, Castro volvió a reflexionar y nos regaló esta joya: “¡los esfuerzos que hice para demostrar que desde fines de marzo ya se estaban produciendo síntomas, cinco semanas antes del anuncio oficial de la epidemia! La revista Science expresa su opinión de que posiblemente entre enero y marzo de 2009 surgió la enfermedad en México. No soy yo el que escribió ese despacho ni el artículo de Science.
“Como lo que afirma equivale a más de 10 veces el número de enfermos que yo dije, y está evaluado por una de las revistas científicas más prestigiosas en el mundo, me pregunto si el Presidente y los líderes de su partido visitaron ya al embajador de Estados Unidos en México y lo amenazaron con romper las relaciones diplomáticas con ese país.
“No hace mucho observé con preocupación que el honorable señor Presidente de México se disgustó cuando, en una reflexión, critiqué a su ilustre predecesor. ¡Qué tonto fui al mencionar aquella virgen vestal de la oligarquía mexicana! Se sintió en la necesidad de protestar en un comentario público”.
¿Qué va hacer ahora la cancillería? ¿Volver a pedir perdón para “normalizar” las relaciones?
Eso querían, eso toparon.
Fidel es siempre Fidel.
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