Los acusarán de tráfico de influenza. Florestán
El pasado jueves 16 se celebró la madre de todas las cenas en el Museo de Antropología, la cena que el presidente Calderón y su esposa Margarita ofrecieron al presidente Obama, a partir de las 8 de la noche y para la que sólo había cien sillas para cien elegidos, representantes, dijeron, del toute Mexique político-social.
Para entrar hubo realmente bofetadas, como las que se dieron los coordinadores legislativos de la chiquillería en la Cámara de Diputados cuando luego de ser invitados, los desinvitaron, lo que rompió el equilibrio en lo que ellos llamaron una ofensa a su dignidad cuando, en realidad, sólo era un ataque de soberbia.
Superado este conflicto protocolario, es más, olvidado, los invitados comenzaron a llegar al sitio de Chapultepec a eso de las 7 de la tarde, para pasar una, dos, tres y hasta cuatro estaciones de seguridad a cargo del Estado Mayor Presidencial.
A la puerta del museo, un hombre sólo reconocido por los de su mundo, recibía, cordial, a todos y cada uno de los invitados; les estrechaba la mano y les daba la bienvenida a su casa, que realmente lo era. Radiante, Felipe Solís, director del museo, los estrechaba e invitaba a pasar, sabedor de la promoción que ese referente de la cultura mexicana recibiría con la escala del presidente de Estados Unidos, a quien también saludó a su llegada y encaminó a la visita guiada, acompañado de Calderón, por dos de las salas del museo antes de cenar.
Al terminar la jornada, Solís estaba radiante, pero también enfermo; radiante por el éxito del encuentro: mejor imposible, enfermo por los primeros síntomas de una neumonía que el viernes ya eran intolerables, por lo que el sábado fue ingresado al hospital Ángeles Metropolitano, donde se puso tan grave que en la madrugada del jueves 23 fue trasladado de urgencia al Hospital López Mateos del ISSSTE, al que ingresó a las cuatro de la mañana y falleció media hora después.
La noticia de su muerte sacudió al mundo de la intelectualidad mexicana, pero luego, en medio de la epidemia de influenza por el virus porcino y su sicosis, angustió a los asistentes a la cena del museo, preocupación que llegó a la Casa Blanca, donde fue desestimada este domingo por su vocero.
El caso es que el ISSSTE tuvo que intervenir para aclarar y desmarcar, al menos oficialmente, de la epidemia la muerte del arqueólogo diciendo que la causa no fue la influenza transmitida por el virus porcino; que la causa del fallecimiento fue una neumonía agravada por otros males como una diabetes mellitus, una inmunodeficiencia e hipertensión arterial.
Así consta en el acta de defunción de Felipe Solís, pero igual es tiempo de hacer una revisión para que la leyenda urbana, que ya corre, sea derrotada por el informe científico.
Nos vemos mañana, pero en privado.
Links:
[1] http://milenio.disqus.com/?url=ref