Para Ileana Tow
Mal producida y peor dirigida, pero con un guión sensacional, la batalla sostenida entre Santo y Blue Demon contra los engendros capitaneados por el profesor Bruno Halder, interpretado de manera magistral por Carlos Ancira, se encuentra entre las favoritas de los aficionados a la filmografía de luchadores. Por su impacto en el inconsciente colectivo, ha sido incluida, como dvd, en la colección México en pantalla, Los que hicieron nuestro cine.
Además de influenciar a Rob Zombie, este disfrutable churro tuvo una secuela vintage, la también inolvidable Pepito y Chabelo contra los monstruos. Con criaturas tan cotorras como las que aparecen en Plan 9 del espacio exterior, del director maldito Ed Wood, cuenta además con la participación especial de Resortes.
A continuación los diez momentos más memorables de la cinta.
10. La pasarela
Al inicio de la aventura, al más puro estilo Mexican next top model, desfilan por la pantalla, uno a uno, los personajes principales a manera de presentación. Con un glamour que ya quisiera Jelipillo para sus conferencias de prensa, Santo y compañía presumen lomo, pierna y cachete con una música de fondo que nos recuerda los anuncios de calcetines de Pioquinto. Esencial el sic en el nombre de la actriz “Hedy” Blue.
9. “Cuidado, Santo”
Socorrido grito de la dama en apuros para advertir a Santo de un madruguete por la espalda. Aquí perpetrado por Gloria, la peor es nada del enmascarado en la historia. Esta frase compite en popularidad con la famosa: “Santo llamando a Demon, Santo llamando a Demon. Responda Demon”. Se presume que gracias a esta máxima Chespirito pudo acuñar aquel grito de auxilio que imploraba “Oh y ahora, quién podrá defenderme”.
8. El salto
Ante el rapto de Gloria, perpetrado por las huestes de Halder, Santo inicia una pesquisa tras el carro enemigo para rescatar a la amada. En un momento de la persecución, Gloria salta del carro en marcha a más de 60 kilómetros por hora hacia el vehículo de Santo. Lo increíble no es la proeza, sino que no se le hayan visto los calzones a pesar de la falda tan corta que trae puesta. Este tipo de hazañas son las que nos hacen preguntarnos si algún día se terminará la crisis en México. Digo, si fue posible el brinco, cualquier cosa puede pasar.
7. La explosión
Ah, un imponderable del churrismo. El auto en llamas no puede faltar. Toda volcadura sin importar su intensidad termina en estallido. El accidente automovilístico es el pretexto ideal para que surja el fuego. No existe ninguna peli de luchadores donde no detone de jodido un vocho. Sería una falta grave. Sería como una porno sin estimulación oral y anal.
6. La aparición del Cíclope
Creación típicamente mexicana. Amorfa como Sedesol, pero no por ello no puesta en marcha. Rescatada por Jesús Sotomayor de La nave de los monstruos, filme estelarizado por Piporro. Si estaban El Hombre Lobo, La momia, Frankenstein, Drácula y La mujer vampiro, no podía faltar el Monstruo de la laguna verde. Pero a falta de pan. Seguro el disfraz andaba rentado para alguna piñata de alguno de los hijos de un ejecutivo de Televisa. Qué mejor que un Cíclope que antedeciría todo el horror puesto en escena décadas después por el Pemexgate.
5. La caracterización de El hombre Lobo
Estoy convencido de que el licántropo aquí incluido es lo que en realidad estaba buscando el Negro Iñarritu para el personaje de El chivo de su película Amores Perros. Lo intrigante de semejante empresa es la similitud entre El hombre lobo y “Richie”, el perrito pendejo que la hace de mascota de la modelo. El parecido entre ambos es asombroso, se me hace que el pinche “Richie” es tataranieto del hombre lobo.
4. Ni a Mary Shelley le quedó mejor
Franquestein (sic) nació en Ecatepec, Tepito o La Lagunilla. Neta. Nomás hay que verle la cara a este monstruo para decirse: “A este güey lo he visto en el metro”. Qué bigotito se carga, si hasta hubiera podido audicionar para el papel de Juan Diego, y seguro lo hacía mejor que Pedro Infante. Y qué tacuche, con esa estatura nos recuerda al Vicente Fox de los eventos de gala, con la única diferencia que las botas no son al Guanajuato style. Y sus alaridos. Ya sabemos de donde sacó Benicio del Toro la inspiración para su papel de Dr. Gonzo en Miedo y asco en Las vegas.
3. La entrada de Santo a la Arena México
Qué tiempos aquellos, diría mi abuelita. Multitudes se congregaban afuera de las arenas para ver de cerca de su ídolo. Sombreros de charro, pañuelos de mujer, agarrones de nalga, apretones de manos, abrazos infantiles, de todo se llevaba Santo. Una popularidá así jamás se ha vuelto a ver en el país. Lo que más se acercó fue el carisma del perredista Pancho León, de quién se presume fue encontrado hace años entambado, por un pozolero anónimo, en la carretera Torreón-Saltillo. Un secreto a voces que nadie ha querido hacer oficial. A lo más que ha llegado es al “Cuéntaselo a quien más confianza le tengas”.
2. La lencería de la mujer vampiro
Ora sí que “Ay mamachita”. La pornografía disimulada de matiné.
1. La apoteosis del mal
“–¿Maestro, qué va a hacer?
–Destruiré al enmascarado de plata.”
El demoniaco diálogo anterior, entre el científico loco (Carlos Ancira) y su enano ayudante (Santanón), una mexicanísima interpretación del Igor inglés, es uno de los puntos cumbre de la representación del mal en México. Sólo la huelga de hambre que una vez Salinas de Gortari comenzara se equipara en perversidad. Puta, qué líneas, ni el “Copela o cuello” o el “Y yo por qué” han podido superarlas. Santo y Blue Demon vs. Los monstruos, un clásico indeleble a la manera de Los errores de diciembre o el Fobaproa. Para beber y no olvidar.
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