Un machacado donde baila como Juana La Cubana al ritmosón de los grandes tíchers: píchers y cáchers. Y qué creen, no deja de batear. Pega jits, rolitas y algunos jom rons a propósito de Juanjo Arreola, Fil Dick, Yi Di Salinger, Pepe Revueltas, los beats, el Centro Mexicano de Escritores, etcétera.
Rendidor, como es todo libro misceláneo del Gran Pepe, le echa la altas a temas que él socorría desde endenantes que se popularizaran. Como su interés por el buen Carl Gustav antes de que saliera la campaña de marketing Estás en edad de Jung y los intelectualosos se lanzaran a comprar sus ejemplos jungianos como si pidieran helados de vainilla en la extinta Danesa 33.
El humor, marca de la casa, no falta. Desde el título empieza el pitorreo. Volar sobre las profundidades remite forzosamente a la idea de olisquear la doña sin tallar, cuando aún no se le ha tumbado el chocolate. Así que el libro bien pudo llamarse Planear sobre Aniceto Molina o Sondear el túnel de los jampsters. En todo caso, el mail box al que alude nabokovsea, o como diría Piporro, navokovseya, coqueteya con el habitual de Baker Street y croniqueya sobre el autor de Confabulario, qué más se puede pedir. Para todo lo demás está Master Card.
Y como la canción que dice: “si he de reventarme todo el año, me reviento de una vez”, el Gran Pepe se pasa de vara y acompleta el potaje con un rigor que alcanza, ora sí que grandes vuelos, especialmente en los textos dedicados a Salinger y a don Juanjo Arreola. Al primero le pasa el escáner a toda madre. Y sobre el otrora denostador de Gloria Trevi, rememora su pasado común. La relación amor-odio. Pepe fue publicado por los buenos oficios de don Juancho, pero como enfant terrible, cometió un orondo parricidio que al final se resolvió con la reconciliación del padre que ha perdonado al hijo aunque el muy cabrón se haya cobrado adelantados los domingos.
Pero no todo es coto, también hay profundidá, como lo indica el título. El buen Pepetín se la saca para miar con el paralelismo que plantea entre Salinger y Jack Kerouac. Dos batos atormentadísimos con su derecho a la privacidad. Su visión establece que ambos se ubicaron en el mismo punto, pero Kerouac optó por gastarse todo en la rocola y marcharse de una vez, Salinger prefirió no oír música y se quedó con toda la feria, tanto así que todavía anda escamoteando oxigeno a sus ochenta.
Hay que decirlo, desde Dos horas de sol (1994), el Gran Pepe ha recorrido derroteros kerouaquianos y salingerinos. En mayor o menor intensidad, pero les ha dado un llegue. No es para menos, el tirote que se aventó en 1986 con Cerca del fuego es de antología. Su mérito: ser uno de los primeros intelectuales en tirarle con todo al priismo. Cuando no era moda hacer mofa de los políticos, por el contrario, pagabas caro una osadía así, José Agustín fue un crítico del sistema. Racha que se extendió en Dos horas de sol.
Pero no se trata de disculpar a nadie, el Gran Pepe se defiende solo. Así que se cortó la resaca de diez años sin publicar una novela en Vida con mi viuda. Un azote zapoteco sobre el “yo soy quien soy y no me parezco a nadie”, el doble y la oaxaquería. Por los tópicos, salió un trabajo enciclopédica, informativa, alfabetizante. Por supuesto se trata de una gran novela, con una multitud de significaciones. Pero el gran regreso de José Agustín es Armablanca (2006).
Es imposible para mí expresar en palabras la belleza, la naturalidad y la honestidad que representa Armablanca. Contraria a Vida con mi viuda, la anécdota se contrae de manera perfecta, no hay desperdicio. El maestro José Agustín se deshace de adornos y narra con una transparencia magistral. Por si fuera poco, añade un ingrediente antes inexplorado en su obra: la cocina. Adentrarse en Armablanca es una tarea enteramente disfrutable. Sólo hay que sacudirse el prejuicio. Por tratar el tema del 68 es posible que propicie el distanciamiento. Sin embargo la reticencia es pasajera, en cuanto se avanza en el texto el lector advierte que sí, aborda el 68, pero como lo que fue, un momento, que sirve como stargate, que marca el inicio de una era oscura que se extiende hasta nuestros días. Nada de panfletismo ni de oportunismo recorre las páginas, es la historia de amor entre Dionisio y Carmen quien ocupa el primer plano de la narración.
Además de la espléndida soltura, que confirma a José Agustín como un escritor indispensable e insobornable de la literatura mexicana, Armablanca es una de las mejores novelas de la década. Si se me permite una comparación, a mí me remite directamente a “The lonesome death of Hattie Carroll”, la rola de Bob Dylan. Por su complejidad, Vida con mi viuda podría ser una rola de Cream, con tintes psicodélicos. Armablanca es una interpretación plenamente folk. Rasgada en una guitarra acústica con la honestidad y determinación de quien fue testigo directo de la época. En una ocasión el escritor Saúl Rosales me dijo que José Agustín es más grande que Octavio Paz, que el tiempo se encargará de demostrarlo. Armablanca es la más reciente prueba de esas palabras.
Lo más efectivo de Vuelo sobre las profundidades es el sondeo que Pepe se hace así mismo a través de Salinger y Kerouac en “J. D. Salinger o el suicidio en abonos”. Sólo quien ha atravesado por una circunstancia tan punk como el nativo de Cuautla puede dilucidar con tanto acierto sobre los procesos que llevaron a Salinger y a Kerouac a abandonar la escritura. Afortunadamente, el Gran Pepe ha seguido el consejo de Neil Young (“Don’t let it bring you down”) y no se deja caer. Vuelo sobre las profundidades es el anticipo o los abonos chiquitos, como dicen en los comerciales, de su próxima novela, que tiene el título provisional de Welcome to my nightmare, sí, como la rola de Alice Cooper.
Links:
[1] http://milenio.disqus.com/?url=ref