Dicen que en el barrio bogotano de La Candelaria se puede leer la historia de la ciudad. Aquí nació lo que hoy es la capital de Colombia; aquí se encuentra ahora el puente más estrecho del histórico diálogo entre México y este país, a través de un espacio que los une y, en particular, de un escritor que sobrevive en la lengua española: el Centro Cultural Gabriel García Márquez, cuya ausencia ya estaba anunciada.
Un Centro Histórico que concentra 58 entidades culturales, siete bibliotecas, 29 universidades, 24 colegios, enumeró el Alcalde Mayor de Bogotá, Samuel Moreno, lo que permite definirlo como un importante centro cultural de la ciudad, el país y de América Latina, y donde ahora se encuentra la obra más grande que México ha hecho fuera del país en América Latina, a decir de la secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota.
Un pedazo de México en Colombia, dijo la directora del Fondo de Cultura Económica, Consuelo Sáizar, durante la inauguración oficial del recinto, destinado a la patria de los libros, de esa intangible nación de la Ñ: que sea por el bien de la cultura, del conocimiento, de la conversación, de los escritores, de los editores, de los libros, de la lectura, de la lectura de la libertad.
Ceremonia en la que estuvieron presentes autoridades educativas y culturales de Colombia, además del alcalde mayor de Bogotá, Samuel Moreno, y donde Vázquez Mota se congratuló por la entrega del espacio a los colombianos, con la esperanza de que se convierta no sólo en un lugar para las letras y la cultura, sino también en un espacio de la paz y una apuesta cotidiana por la libertad.
Lo hicimos en Colombia (el Centro Cultural), porque vivimos sueños y desafíos comunes: México y Colombia queremos vivir en una cultura de la paz para siempre, queremos la prosperidad y sabemos que ha sido una batalla cotidiana.
De acuerdo con la ministra de Educación de Colombia, Cecilia María Vélez, el centro cultural es una muestra de la permanente comunicación entre ambos países alrededor de la educación y la cultura, por lo cual se comprometió a desarrollar actividades que permitan que los servicios culturales sean aprovechados por los habitantes de la ciudad y por los visitantes de muchas nacionales.
El recinto, desde la perspectiva de la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno, se constituye en un escenario para la transformación social y cultural de Colombia, que contribuye a forjar el mejor sentido de pluralidad y diversidad, y un punto de partida para acercarse a la cultura y enriquecer nuestra mirada del mundo.
Homenaje al diseñador
Ante la ausencia de Gabriel García Márquez en la ceremonia de inauguración del centro que lleva su nombre, las evocaciones al arquitecto Rogelio Salmona autor del diseño del recinto fueron las constantes, en especial a esa visión de transformar el sentido de Bogotá a través de la arquitectura, hoy se puede disfrutar de una obra que rescata el valor de lo público, apostándole a un espacio incluyente que contribuye de manera significativa de tejido social, dijo la ministra de Cultura de Colombia.
Ya previamente, el Alcalde Mayor de Bogotá había recalcado que el urbanista colombiano quiso hacer una arquitectura abierta al encuentro, a la alegría, al goce, a la sorpresa, a la meditación.
Pero esas mismas rememoraciones le sirvieron a Josefina Vázquez Mota para hacer una solicitud a Samuel Moreno: una vez que lo recorrimos dijo: algún día el alcalde tiene que quitar esas paredes que hacen tan feo los alrededores del centro.
Estoy en la obligación de decirte el mensaje que me dio, aseveró la titular de la SEP, aunque tengo la impresión de que no acostumbraba dar mensajes, sino giraba instrucciones.
Quizá por ello, Vázquez Mota pidió también a las autoridades colombianas que adopten el espacio, lo hagan suyo y, sobre todo, contribuya a la paz que hemos soñado y que nos merecemos.
Entre mariachi, tequila, bocadillos típicamente mexicanos y la cerveza que a todos corona transcurrió la celebración por la apertura, siendo la comunidad literaria y editorial una presencia poco numerosa, con Jorge Edwards como la principal figura que recorrió el espacio.
Nuestros países se comunican por lo general mal, dijo a MILENIO el escritor chileno, los libros de Argentina no llegan a Chile ni a Perú, etc., por lo que el centro se puede convertir en un espacio de comunicación muy importante para que la lengua española tenga una presencia internacional, no sólo local. Aquí, además, se combinan muchas cosas: un arquitecto colombiano, una institución mexicana y un escritor colombiano que vive en México.
Para el narrador y poeta Alberto Etcheverri, la apertura del recinto será un gran aporte a los esfuerzos que se hacen en Colombia por fomentar la lectura: El hecho de que el FCE, más que una distribuidora de libros, se convierta en un centro cultural, va a dinamizar mucho más todo este movimiento a favor del libro.
Para los escritores colombianos, la labor de difusión del Fondo es fundamental. Por los movimientos editoriales tan pequeños estamos sujetos a las publicaciones de las grandes editoriales. Una labor como la del Fondo permite establecer vasos comunicantes a través de toda América Latina.
El editor independiente Luis Daniel Rocca, de Taller de Edición, está convencido de que el Centro Cultural contribuirá a la difusión de sus publicaciones, pues ya entablaron conversaciones con la matriz del Fondo de Cultura Económica y llegaron al acuerdo de contar con espacio para sus catálogos como un punto de distribución hacia otros países de América Latina.
El espacio significa oficializar de manera concreta el interés por intercambiar los libros y permitir que sea objeto de libre circulación. El FCE viene a ser una luz en el camino para las pequeñas editoriales colombianas.
De acuerdo con el poeta colombiano Felipe Agudelo, la importancia del centro radica en el hecho de que la ciudad de Bogotá ha perdido muchos espacios culturales: se han cerrado librerías debido a la creencia de que se lee poco, pero es un poco falsa y un lugar como este le sirve mucho a la ciudad porque no lo tenía, sobre todo porque no hay una librería como esta en lado alguno de
Colombia.
La inauguración del Centro Cultural Gabriel García Márquez sirvió también para la firma de sendos convenios de colaboración entre Colombia y México: el primero está relacionado con el reconocimiento mutuo de los sistemas de acreditación en la educación superior; el segundo, para el desarrollo de programas que enfrenten los problemas de violencia y consumo de drogas en las escuelas.
Vamos a compartir la experiencia de las escuelas colombianas para evitar el consumo de drogas, impulsar una cultura de la paz y de los valores cívicos. En el otro convenio vamos a promover la movilidad de maestros y de estudiantes, particularmente en el área de medicina, concluyó Josefina Vázquez Mota.
¿Y el Nobel?
Se sabía de antemano su ausencia, pero había quienes no perdían la esperanza de que el escritor apareciera por sorpresa. Jamás apareció. Aunque no por ello, la inauguración perdió brillo para los colombianos.
En las calles de Bogotá y de toda Colombia el nombre de Gabriel García Márquez es una referencia indispensable, de ahí la decisión tomada en la Secretaría de Educación Pública de México, a través del Fondo de Cultura Económica, de imponerle su nombre al Centro Cultural que abrió sus puertas en esta ciudad.
Sin embargo, el escritor quizá prefirió alejarse de un acto con ciertos tintes políticos, al estar presentes autoridades de la capital y de la entidad nacional de Colombia, en un periodo en el cual el país está inmerso en la discusión acerca de la marcha por la libertad convocada para el 4 de febrero, en contra de las acciones de las FARC.
Su nombre pegado por todos lados y una pequeña exposición en el CCGGM fueron el reflejo de su presencia, el puente de unión entre dos naciones que se encuentran en el mariachi, el tequila, las telenovelas y, por supuesto, en un hombre que ha visto transcurrir su vida entre esas dos tierras, la mexicana y la colombiana.