Lo histórico es el momento y lo demás qué importa, al fin que los ojos del mundo entero estuvieron puestos sobre la pista de hielo o, mejor dicho, el Zócalo On Ice, donde se rompió el récord Guinness con la cadena humana más grande del mundo sobre el hielo: 176 participantes durante tres minutos; pero, por si fuera poco y ya encarrilados y emocionados todos en gradas, que, por lo demás, no eran muchos, 50 participantes más entraron a la pista y rompieron el propio registro impuesto. Fue una marca tras otra marca.
Y es que todo lo sucedido ayer al filo de las 8 de la noche, una hora después de la cita convenida, fue histórico. Bueno, al menos ése era el concepto más utilizado por Charly, uno de los animadores de voz cantadita y modales finos: ¡his-tó-ri-co, nunca antes se había roto este récord !, dijo al final todo emocionado y con el dedo en la frente moviendo su pelo para acá y para allá.
La compañía Guinness World Records no tuvo representante visible en esa pista de 3 mil 200 metros cuadrados, pero los notarios públicos del Distrito Federal que dieron fe del hecho histórico fueron Rosa María López Lugo y Jesús Rodríguez Espinoza.
Los 176 jóvenes participantes ingresaron a la pista alrededor de las 7:30 de la noche para hacer sus primeros ejercicios de calentamiento y, como escolares regañados, se fueron formando en la barda norte de la pista, que no es la más grande del mundo, como Charly insistía en llamarla. La pista de hielo más grande del mundo corre a lo largo del canal Rideau en Ottawa, Canadá: aproximadamente 7.8 kilómetros, y se monta a finales de enero y principios de febrero de cada año.
Hubo un primer ensayo con 15 de ellos. Tendrían que ir en fila agarrados de la cintura para acá y para allá sin levantar los patines del hielo.
Dentro de los lineamientos acordados con Guinness se determinó que los participantes debían ir agarrados, sin separarse, sin soltarse; deberían ir en constante movimiento; iniciarían uniformemente al escuchar un sonido y cerrarían con el mismo. No podían detenerse, caerse o soltarse. De lo contrario, la prueba sería invalidada, pero podrían realizarse un segundo o tercer intentos.
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Primer intento
Eran minutos antes de las 8 de la noche. Cuando levante la mano, listos, se agarran de la cintura y siguen el ritmo derecha, izquierda, sin despegar los patines del suelo (´la de adelante va bien zonza´, dijo una mujer en las gradas) se forman por estaturas para que vean la sincronía (´del más chuiquito al más grandote, dijo otra que interpretaba al monitor en turno´), allá vamos, escuchen el sonido , concluía el monitor y la víbora se puso en movimiento lentamente para acá y para allá, para acá y para allá El récord que va a recorrer todo el mundo , insistía el animador, que ya no era el tal Charly. Pero la víbora no iba bien y se detuvo. El cronómetro volvió a aparecer en pantalla para esos tres minutos históricos.
Segundo intento
Las 8 de la noche. Tomar distancias para ir parejos, es la instrucción. Los monitores van y vienen con la instrucción en los labios. Es cuando el animador se barre y se barre mal, un saludo al helicóptero , pide señalando al cielo, donde vuela un aparato de ésos de la policía. La masa no pierde la oportunidad de ser masa y actuar como masa. El chiflido salé homogéneo de siete gradas. Es el mismo chiflido del onomástico ese. Todos tomados de la cintura, ahí vamos. Sí ahí van (´no van patinando, se van esperando´, dice una señora criticona), pero la víbora avanza (´se van empujando´, dice otra) pegada a la barda del Ice Rink Event. Fue cuando, atronador, surgió de las gradas el coro ¡sí se puede, sí se puede, sí se puede .!. El cronómetro en pantallas anunciaba que la prueba había sido superada.
Era tal la emoción que el animador pidió 50 patinadores más para romper este récord . Pero, las gradas comenzaron a vaciarse. En fin.
- Disparos
La pista más grande del mundo corre a lo largo del canal Rideau, en Ottawa, Canadá