Víctima del cáncer que padecía desde tiempo atrás, la escritora cubano-mexicana Julieta Campos (La Habana, 1932), ganadora del Premio Xavier Villaurrutia 1974 y autora de volúmenes como Bajo el signo de Ix Bolon y El lujo del Sol, murió ayer a los 75 años de edad.
El cuerpo de quien fuera esposa de Enrique González Pedrero, ex titular del Fondo de Cultura Económica y ex gobernador del estado de Tabasco, fue velado en una agencia funeraria en el sur de esta ciudad y cremado ayer por la noche.
Múltiples desplazamientos marcaron, en su biografía, varios antes y después, en una secuencia azarosa, pero enriquecedora, que la obligaron a ir metabolizando lo conocido y lo desconocido para sobrevivir a sucesivos cambios de piel.
Entre Cuba, Francia, Ciudad de México, España y, otra vez, la Ciudad de México se fueron tramando los hilos de sus ambivalencias. Sus dilemas se resumen en un duelo entre la vocación por la escritura, que partió de la desconfianza que tiene el creador ante la posibilidad de transformar las deficiencias de lo real y la tentación de hacer, de modificar, con acciones, esa realidad.
En la década de los cincuenta llegó a México, después de su matrimonio en 1954 con el diplomático y ex director del Fondo de Cultura Económica, Enrique González Pedrero. Trabajó durante 14 años para el FCE en México como traductora de inglés y francés.
La escritora cubano-mexicana se hizo acreedora a la beca de Centro Mexicano de Creadores de 1966-1967 y fue maestra de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales de Acatlán. Entre otros de sus cargos destacan la dirección de las revistas Universidad de México y su participación en las revistas Plural y Vuelta.
En los años sesenta y setenta del siglo XX se entregó a un azaroso juego experimental con el tiempo y el espacio, en una escritura fascinada por el acto mismo de escribir. Celina o los gatos (1968) fue la novela por la que mereció en 1974 el Premio Xavier Villaurrutia
Entre 1981 y 1984 dirigió la revista Universidad de México, después de colaborar asiduamente en Plural. También participó en el comité editorial de Vuelta. En su última novela, La forza del destino (2004), reenhebra la trama de catorce generaciones, a lo largo de cinco siglos, entretejiendo las pequeñas historias con la historia de la isla de Cuba, en un apasionado reencuentro con sus orígenes.
En voz de la propia Julieta Campos: Escribir sería transitar entre la soledad de la experiencia estética y la solidaridad de la experiencia ética. Esa ambivalencia habita la obra ensayística y la narrativa de Julieta Campos que transgrede las fronteras de los géneros, fiel a su convicción de que la literatura sólo se compromete con la libertad de la imaginación y con la palabra.