Bye, bye, era el fin del American pie. Yo acababa de nacer y en el estado de California un tipo que se hacía llamar Zodiaco se estaba volviendo famoso jugando con la policía de San Francisco aquello del gato y el ratón.
Todo en esta película parece girar en torno a la fama: nuestro protagonista busca la fama escribiendo un libro, el Zodiaco merece un film porque sus enigmas lo hicieron famoso. En fin, el cinéfilo tendrá que ver esta película por la fama que ha ganado su director con Se7en, película que tocaba como pocas el tema de esa ausencia que llamamos Mal.
Hay sin embargo un abismo entre Se7en y Zodiac. El guión de la primera (cuenta la leyenda) estaba en proceso y como no marchaba, el director pidió: traigan el original. Malas noticias, cuando al realizador se le mete eso de ver el manuscrito, están a punto de irse al cuerno varios meses de trabajo. Y así sucedió: en una noche tomó la determinación: si quieren que dirija esta película, dijo, voy a dirigir este guión. Punto final.
Kevin Walker no volvió a tener tanta suerte. A Se7en le han seguido siempre malas películas hechas con excelentes ideas. Con excepción de Fincher, a sus directores les da por mejorar sus historias hasta corromperlas por completo (8 milímetros es paradigmática de esta maldición).
Con Zodiac (guión de Vanderbilt) sucede el extremo contrario, Fincher consigue interesar con un guión desorganizado. Es evidente que el original estaba lleno de falsos misterios, que era largo, pretencioso, lleno de personajes inconsistentes. Hay aquí tres partes claramente definidas que no se articulan: la primera está filmada en tono policiaco. Permanece esa ilusión hecha de coca, palomitas y toda la cosa; quedan todavía las ganas de asustarse. Y nada. Llega la segunda parte (la más floja sin duda) y uno descubre que ha comenzado a mirar el reloj. Cruzamos un largo puente sobre el que Fincher hace malabares para conectar la realidad de un asesino cuyo caso sigue abierto, con una tercera parte en tono de sueño americano en la que un caricaturista decide ponerse a escribir un libro.
El conjunto no consolida la verdadera propuesta del director: documentar la época. Zodiaco comparte con Jack el destripador la infamia de ser clave para interpretar su tiempo. El primero devela la verdad de prostitutas y muertos de hambre en los barrios bajos del flamante Imperio Británico, el segundo la peste que cubren los aromas del pastelito americano.
Zodiac brilla con grandes momentos de imagen, de actuación, de música y de diseño de producción. Pero el cine también es arte narrativo. David Fincher no logra ni con mucho tocar el gran tema de Se7en, esto es el mal que habita dentro de cada ser humano: esa aterradora conciencia de que, como escribe Kevin Walker en otra parte, el mal tiene un rostro común. Sí, es una ausencia radical que se esconde detrás de la máscara del asesino. Lo macabro es descubrir que esa misma ausencia aqueja también nuestro propio corazón.
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Zodiac. Dirección: David Fincher. Guión: James Vanderbilt basado en el libro de Robert Graysmith. Música: David Shire. Fotografía: Harris Savides. Con: Jake Gyllenhaal, Mark Ruffalo, Anthony Edwards, Chlöe Sevigny y Robert Downey Jr. Estados Unidos, 2007
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