El origen de las famosas paleterías La Michoacana fue rastreado durante un año por el autor del primer libro que existe en México sobre esta floreciente industria paletera.
Anoche se presentó La Michoacana, historia de los paleteros de Tucumbo, de Martín González de la Vara, miembro del Colegio de Michoacán e hijo del finado historiador Luis González y González. El gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel, apoyó el proyecto y estuvo presente en el restaurante El Cardenal en el lanzamiento editorial de esta obra.
González de la Vara indagó ricas historias familiares del pueblo de Tucumbo, convertido en cabecera municipal en los años 30 del siglo pasado y ubicado en la parte del occidente michoacano. Ahí nació y floreció el exitoso negocio de pequeños empresarios mexicanos, creadores de una extensa red de paleterías, que para homenajear la tierra que abandonaron, la bautizaron como La Michoacana, aunque también con otros nombres, a lo largo y ancho del país, e incluso en Estados Unidos y otros países.
Los padres de estos negocios, que hoy se mantienen aún con la competencia de trasnacionales y de franquicias del helado, fueron dos michoacanos que emigraron a la ciudad de México en los años 40, Agustín Andrade (ya fallecido) e Ignacio Alcázar, quien tiene más de 80 años de edad.
Ellos junto con otros michoacanos paleteros compitieron entre sí, en buena lid, basándose en la confianza mutua, para hacer progresar los comercios.
Por esa época, existían los programas de braceros para llevar mano de obra mexicana a Estados Unidos, pero los paleteros eran nacionalistas y optaron por quedarse en México.
González de la Vara es también autor de La historia del helado en México y con base en sus indagatorias ubicó a más de 15 mil paleteros que mantienen la tradición de elaborar y vender este producto que por su fama y sabrosura ha llevado a los habitantes de la comunidad de Tucumbo a erigir el primer monumento en el mundo en honor a la paleta.
Dice que recogió la tradición oral de los que aún habitan este municipio del occidente michoacano, rodeado de otros pueblos que se dedican a la producción del queso y del aguacate.
Reconoce el esfuerzo de estas familias paleteras que han sabido no solamente sobrevivir sino mantener esta industria, ante el feroz mundo globalizado, a tal grado que se llevan entre el 40 y 50 por ciento del mercado.
"Cada vez que saboreemos una paleta, hay que recordar que no es obra de la casualidad, porque detrás de ella se encuentra una lucha empresarial de muchos años", destaca el autor de este libro de arte de 235 páginas con amplias fotografías a color, editado por el Colegio de Michoacán y el gobierno de este estado.