Un trabajo de rescate arqueológico “a pico y pala”
INAH: 40 años de salvar el patrimonio nacional
2012-01-20•Cultura
Debajo de modernas edificaciones y obras de infraestructura subyace una cantidad inagotable de vestigios paleontológicos, prehispánicos y coloniales que constituyen una rica fuente de información histórica; su registro, conservación, protección y estudio demandan la incesante labor del salvamento arqueológico, que a lo largo de más de cuatro décadas ha trabajado a lo largo y ancho del país en la salvaguardia de este patrimonio cultural.
Excavaciones meticulosas hechas con gran rigor científico y respeto a los monumentos históricos, que se realizan “a pico y pala” y sin el uso de maquinaria, son las que desarrollan los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), previamente a la realización de proyectos de infraestructura, tales como presas, carreteras, líneas de transmisión, termoeléctricas, oleoductos, gasoductos y rutas de metro, entre otros.
El crecimiento de las ciudades y la dotación de servicios a partir de la segunda mitad del siglo XX, implicaron también un trabajo arduo y permanente por parte del INAH, que desarrolla a través de la Dirección de Salvamento Arqueológico (DSA), cuya labor está enfocada a evitar afectaciones al patrimonio cultural enterrado y recuperar la vasta información histórica que guarda cada vestigio.
Esta tarea se realiza de manera cercana con la Comisión Federal de Electricidad, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Petróleos Mexicanos, la Comisión Nacional del Agua, grandes dependencias que desarrollan infraestructura de beneficio social en todo el país; una de las formas como el Instituto ha podido evitar el impacto de esas grandes obra constructivas sobre el patrimonio cultural es a través de esta labor de salvamento.
En este sentido, la normatividad y la experiencia acumulada en la materia a lo largo de más de 40 años, con la creación de la DSA en la década de los 70, ha conformado una serie de estrategias, tanto técnicas como legales, para evitar la destrucción de los bienes arqueológicos.
De acuerdo con los especialistas, la mayoría de las veces se sabe donde existen vestigios arqueológicos en el subsuelo, gracias a las fuentes históricas. Sin embargo, no se tiene la certeza de la cantidad y la calidad de dichos materiales.
Un ejemplo de la especialización alcanzada en el salvamento del patrimonio cultural sepultado, es la labor efectuada en la construcción de la sede del Centro Cultural de España, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Se trata de un moderno edificio de seis pisos debajo del cual se encontraron los restos del Calmécac (1486-1502 d.C.), que era el colegio donde estudiaban los hijos de los gobernantes mexicas y recibían las instrucciones para dedicarse al sacerdocio y dirigir los destinos de Tenochtitlan.
Los arqueólogos sabían que muy cerca del Templo Mayor de Tenochtitlan estaba el Calmécac, que abarca una superficie de 714 metros cuadrados, y cuya excavación se realizó de 2006 a 2008, como parte del Programa de Arqueología Urbana. Esta labor constituye un ejemplo de recuperación de un patrimonio, con respeto tanto al edificio contemporáneo como al monumento prehispánico.
La Merced es otra zona con gran cantidad de materiales, donde se halló un basurero colonial compuesto por pedazos de vasijas y restos de metal, ya que se trataba de un área de desecho. Todos estos fragmentos son muy importantes porque lo que más información le da al arqueólogo es la basura, en tanto que revela qué comía la gente, qué usaba o cómo vivía.






