Peña Nieto, redes sociales y ciudadanía

Cambio y fuera

Adriana Malvido

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  • 2011-12-07•Política

El reciente episodio de Enrique Peña Nieto en la FIL de Guadalajara, puso en evidencia que la improvisación no es lo suyo, tampoco la lectura. En cuestión de segundos las redes sociales reprodujeron el video del candidato priista a la Presidencia de México en una situación tan bochornosa que difícilmente se olvidará.

Nunca imaginó Jacobo García, corresponsal del diario español El Mundo, que su pregunta, sobre qué libros lo han marcado, bastaría para poner en jaque públicamente a un político cuya imagen ha sido labrada con bisturí y que mostraría su vulnerabilidad al carecer de un guión en la mano. Ya le había sucedido, cuando omitió contestar preguntas críticas en la primera presentación de su libro en México, y en una entrevista con Jorge Ramos.

Su hija quiso defenderlo al retuitear: “Un saludo a toda la bola de pendejos que forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian”, pero el ofensivo comentario empeoró todo. Y para cuando el candidato y Paulina Peña ofrecieron disculpas, las redes sociales eran ya un semillero de chistes y juegos de palabras, tan geniales como crueles.

Luego siguió el panista Ernesto Cordero. Al abordar el resbalón del candidato priista, también se equivocó en sus propias lecturas y cambió el nombre de Laura Restrepo por el de Isabel, al referirse a la autora de La isla de la pasión.

Años antes fueron Vicente Fox y Marta Sahagún. Él dijo Borgues en lugar de Borges y ella convirtió al poeta Rabindranath Tagore en Rabina Gran Tagore.

Inolvidable Edith Ruiz Mendicuti, diputada por el PRD, cuando recién nombrada presidenta de la Comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa no sólo le atribuyó a José Emilio Pacheco la autoría de Un tranvía llamado deseo (de Tennessee Williams), sino que aceptó su nuevo cargo con resignación: “Me dieron lo que quedó”. Y añadió: “Sí leo, pero me gustan las cuestiones de política, no soy tan soñadora, no leo novelas y ese tipo de libros”.

Su desdén por la cultura tuvo repercusiones y a partir de un artículo de Guillermo Fadanelli, la comunidad artística e intelectual abrió una página en Facebook para exigir la renuncia de Mendicuti. Se reunieron más de mil firmas y la asambleísta fue destituida de su cargo el pasado octubre.

Las redes sociales han demostrado su enorme potencial para construir ciudadanía. El humor puede ser un buen comienzo, pero habría que trascenderlo.

Y es que, más allá del sarcasmo que circula en Twitter, el nivel cultural de la mayoría de los políticos mexicanos resulta un tema emergente. Apenas la semana pasada el director general del INEA, Juan de Dios Castro, reveló que de los 30 mil funcionarios públicos federales sin educación básica, 18 mil no tienen secundaria, el resto no terminó primaria y 160 son analfabetas. Tres alcaldes de Oaxaca no saben ni leer ni escribir (nota de Natalia Gómez, El Universal, 30/XI/11).

No sabemos qué repercusiones tendrá el episodio de Peña Nieto a la hora de los votos, si los ciudadanos le darán importancia al nivel cultural de los candidatos, o si el asunto quedará como una anécdota, más propia del bullying que de la conciencia política.

adriana.neneka@gmail.com