Don Gato: cinco décadas de culto lo avalan
2011-09-21•El Ángel Exterminador
Si le hubieran dicho a los inefables William Hanna y Joseph Barbera, universalmente famosos por creaciones como Los Picapiedra, El oso Yogi, Huckleberry Hound o Tiroloco MacGraw, que una de sus series de televisión menos exitosas se iba a convertir en objeto de reverencial y obsesivo-compulsivo culto en México por décadas, probablemente se habrían reído... sin embargo, tuvieron que reconocerlo: Don Gato y su pandilla es una auténtica leyenda para generaciones de mexicanos merced de las perennes retransmisiones de episodios de este experimento de comedia sofisticada para adultos que fracasó con audiencias estadunidenses, pero gracias a un muy ingenioso doblaje, encontró nicho cultural al sur de la frontera.
En su versión original, Top Cat, estrenada el 27 de septiembre de 1961, era parodia de un sitcom llamado The Phil Silvers Show, que presentaba las aventuras y desventuras de conscriptos que buscaban la manera de hacer fortuna con el mínimo esfuerzo. La versión animada, trasplantada a Nueva York, con un grupete de gatos callejeros que buscaban salir del arroyo mediante la estafa al prójimo, encabezados por el epónimo Don Gato, felino marrullero que sin pudor alguno manipulaba supremo a la sarta de botarates que lo seguían, no gustó a la gran familia americana, que convirtió a Los Picapiedra —gloriosos cavernarios clasemedieros— en éxito sin parangón (hasta la llegada, en 1989, de otros clasemedieros, Los Simpson), y por muy patrocinado por los cereales Kellogg’s que estuviera, después de una temporada la jubilaron en abril de 1962. Así pasó a hacer rondas por países vecinos en paquete con personajes como Pixie y Dixie, Canuto y Canito (perros salchicha padre e hijo, severamente neuróticos, pero de buen corazón) o el Oso Casioso y la foca Achú (de quienes casi nadie se acuerda, por cierto).
Gracias al excepcional doblaje, Don Gato tuvo su renaissance y pasó de gato de barrio, a auténtico superstar. Actores como Julio Lucena (Don Gato), Víctor Alcocer (inconfundible como el oficial Matute), David Reynoso (en varios episodios suplió a Alcocer como Matute), Judy Ponte (habitualmente voz de los escasos personajes femeninos como la madre de Benito, Shirley, la novia de Panza, o Melosa Melón) y, especialmente, Jorge Arvizu (años antes de ser El Tata, como Cucho y Benito B. Bodoque y B.), proporcionaron idiosincrasia a la serie: los descabellados intentos de Don Gato y sus canchanchanes por hacerse del dólar nuestro de cada día de modo rápido y fácil, en el público mexicano lograron un encanto casi chavafloresco, con su filosofía de “a qué le tiras cuando sueñas, mexicano” y se acogió a estos gatos con fervor que raya en la santidad doméstica. Esto se refrendó en 2004 al aparecer la serie completa, con doblaje original, convirtiéndose en tumultuoso hito de ventas en DVD.
Ahora, 50 años más tarde, los estudios Anima (Guillermo Cañedo White, Fernando de Fuentes, Fernando Pérez Gavilán, José Carlos García De Letona y Federico Unda, creadores de El Chavo Animado y El Agente 00P2, cuyo angurriento doble sentido en el título no voy a comentar) estrenan una versión cinematográfica en inevitable 3D, de los personajes. Esta nueva pandilla es, a decir de la critica, una especie de tributo a la original —cuenta incluso con la voz de Arvizu como Benito y Cucho, si bien los años no pasan en balde— que en su afán de gustar a todos los públicos (la momiza que fue chaviza y lo recuerda con amor y la generación Xbox que tiene escasa concentración y demanda efectos sobre trama o estilo) acaba por no gustarle a nadie. ¿Es el filme sólo un vulgar intento por capitalizar la nostalgia y sacarle dinero a la gente o un homenaje honesto? A estas alturas del culto resulta irrelevante: horrenda o no, de todos modos la gente irá a las salas a verla, principalmente porque en tierra de estafadores (y estafados), Don Gato es rey.






