“Cómo chingaos no…”

Pega fuerte, es la segunda de diez hermanos, y su hambre y las ganas por salir adelante la tienen ya en su sitio de privilegio en un deporte eminentemente masculino.
  • 2011-08-07•El Ángel Exterminador

Ilustración: Román

Ana María Torres lleva tatuada en su piel una frase que le ha empujado siempre a ir hacia delante: “Cómo chingaos no…”. Y con esas tres palabras, que reflejan la personalidad de una mujer lista y testaruda, consiguió lo que pocas mujeres en México pueden presumir: protagonizar contra Jackie Nava una de las peleas con mayor rating por televisión. La Guerrera, de Ciudad Nezahualcóyotl, campeona mundial supermosca, nos platica de esos rivales que ella odia con franqueza.

¿A qué político le tirarías un volado de derecha?

Hay varios. Se podrían formar largas filas Y te aseguro que a todos los noquearía.

¿Qué tal Marcelo Ebrard?

Prefiero no decir nombres, pero a como están las cosas, no es mala idea que se subieran conmigo al ring. A ver si con dos o tres golpes reaccionan.

¿Qué te hace rabiar de la gente que se dedica a la política?

Que sólo se preocupen de su bienestar y no por mejorar el país. Este sexenio ha sido el más triste de todos. Demasiada sangre y violencia en las calles, muchos muertos. En cualquier momento podemos quedar en medio de una balacera.

Ana María debutó en la arena México, y aquella noche, al finalizar la contienda, el público emocionado metió las manos en los bolsillos del pantalón, y en un gesto de agradecimiento por la inolvidable pelea, lanzó dinero al cuadrilátero. Se convirtió en la primera mujer en combatir en este histórico recinto.

Dices que tienes más miedo a los perros que a los golpes…

Es un trauma que tengo desde niña. Ya me han mordido dos veces. Con los golpes sólo me enojo. ¡De veras! No me duelen. Ni siquiera los golpes de Jackie Nava me dolieron.

¿Alguna vez tu peso ha sido una complicación en tu carrera?

Jamás he tenido problemas con la báscula. Yo tengo que pesar 52 kilos con 163 gramos. Llevo 12 años peleando en ese peso. Y hasta me doy mis gustos. Me como una quesadillita, unos sopecitos, y por qué no, también pido a veces un postre.

Eres la envidia de Cynthia de la Vega, la Miss Mundo México 2010 que ha sido desconocida...

Se me hizo muy feo que la desconocieran. No me parece que esté gorda. Al contrario, se ve muy bien. ¿Acaso la señora Lupita Jones no sabe que estar muy flacas ha provocado la muerte de varias modelos?

¿Qué consejo le habrías dado a la ex Miss Mundo México 2010?

Ejercicios cardiovasculares con un poco de hule sujeto al cuerpo. Si hubiera hecho bicicleta o abdominales todo estaría resuelto. Y es que medio kilo para mí no es nada, yo lo bajo en menos de una hora. Pero no olvidemos que el cuerpo necesita de todo: un poco de grasa, de azúcar, de sal, hasta de una gordita con salsa de vez en cuando.

Ana María, varias veces nombrada la boxeadora del año, antes de convertirse en la mejor del mundo en la categoría minimosca, ganó numerosas medallas y trofeos en el tae kwon do, sin embargo, tuvo que dejarlo porque a su mamá no le alcanzaba para pagar las mensualidades. Uno de sus hermanos, que también tiraba espectaculares patadas sobre el tatami, falleció a los 21 años de edad.

¿Qué tan importante es que te peine tu mamá antes de cada pelea?

Peinarme es todo un rito, pero mi madre es sobre todo mi amuleto. Ella sabe cómo amarrarme el cabello y ponerme el listón rojo que siempre traigo en la trenza.

¿Cuál ha sido la mayor barbaridad que has visto en tu profesión?

Tuve un promotor, Ignacio Huízar, al que llegué a pedirle un sueldo digno. Recuerdo muy bien lo que él me dijo: ‘¿Estás soñando? Tú nunca vas a poder ganar el dinero que pagan a los hombres. ¡No lo mereces!’.

¿Y qué pasó por tu cabeza?

Lo que siempre pienso cuando me dicen algo que supuestamente no puedo alcanzar: ‘Cómo chingaos no’.

¿En qué piensas cuando le pegas al costal?

Me acuerdo de este promotor. Le pego y le pego al costal hasta que imagino que le he callado la boca.

¿En los entrenamientos les pegas fuerte a los hombres?

Pego fuerte y logro meterles las manos. Con el paso del tiempo he mejorado mi técnica.

Ana María, siendo apenas aprendiz de boxeadora, se enamoró del pugilismo nada más de escuchar cómo sonaban las peras al ser conectadas por los guantes. Después de doce años de carrera, encabezó un cartel en el lugar donde nació. Y allí, en Neza, donde es querida y venerada, frente a 12 mil aficionados, venció a la japonesa Naoko Yamaguchi.

No te gustó estudiar…

Tuve una infancia dura. Había que trabajar desde muy chica, porque mi madre se quedó sola con diez hijos. Ayudar en casa y ver que mis hermanos comían me daba más satisfacción que estudiar.

¿Cómo defines a tu madre?

Ha sido mi ejemplo. Demostró que no hay que tener un hombre a fuerzas en casa para poder comer.

¿Para triunfar en el boxeo, hay que ser lista y testaruda?

¡Sí! Y suelo crecerme cuando me hacen enojar. Y es cuando más digo: “Cómo chingaos no…”. Si algo me duele es que minimicen mi trabajo, que no me valoren.

Ana María aún recuerda los tiempos en que trabajó en un mercado, vendía jugos, ropa, zapatos. En la actualidad es considerada la mejor pugilista en la historia del boxeo femenino. Tiene cuatro hermanas y todas se ponen los guantes. Una de ellas, Silvia, competirá en los próximos Juegos Panamericanos. En su barrio aseguran que La Guerrera ha demostrado que en cualquier ámbito en que deseen sobresalir las mujeres sí se puede. Hace tres años instaló un gimnasio muy cerca de su casa, donde muchos jóvenes que antes se dedicaban a las drogas han encontrado un refugio para escapar del vicio.

Óscar Jiménez Manríquez