Hasta entre jaladas hay clases
Política cero
Jairo Calixto Albarrán
Me declaro triste por el fallecimiento de Germán Dehesa. No me detendré en los detalles, pero en el siglo XX nos peleamos de manera salvaje. De manera desmesurada, injusta y a la yugular con dosis nada recomendable de humor negro. No hay mejor manera de comenzar una relación que a guamazos. Uno de los pocos que no lo extrañará, sin duda, será Arturo Montiel, chingau.
Así, de la misma manera en que el universo no requirió del apoyo de Dios para existir, según palabras del Stephen Hawking, científico superstar al que no se le puede acusar de andar por ahí derramando el tepache (hace tan sólo unos pocos días nos advirtió que la humanidad tiene escasos 200 años para conquistar Marte antes de que a la Tierra se le hayan exprimido sus últimos recursos, como Jelipillo acabó con la seguridad y el PRI hiciera lo propio con Pemex), no creo que don Onésimo Cepeda haya necesitado del Señor para espetar que el Estado laico es “una jalada”.
Algo que para decirlo no recurrió a ningún tipo de apoyo divino, pero que nos lleva a pensar en algo fundamental: ¿cuántas jaladas se necesitan para tirar al Estado laico?
Y es que, claro, el laicismo no está de moda en estos tiempos en los que lo importante es guanajuatizar México en pleno Bicentenario y versión descafeinada del Informe en el que Calderón nombró todos sus patrióticos logros con sumo detalle, mismos que se replicaron en interminables cascadas de spots y miradas de tuits que me hacen pensar que el aviso de ayer en Twitter de @presidente_FCH no fue producto de un dedazo, pues lo de ayer en Palacio fue en efecto alusivo, elusivo, corrosivo, pero sobre todo abusivo, tanto que Marchelo Ebrard mejor se puso a mandar mensajes en su BlackBerry.
Y es que aunque las gran epopeya calderónica ha rendido frutos de los que todos disfrutamos en materia de empleo, seguridad y triunfos pamboleros (tantos que hasta Javier puede agarrar chamba con la selección de Portugal, que debe se suicida, y donde El Vasco seguramente dejará en la banca a Cristiano Ronaldo, como bien dice el gran Roberto Velázquez Bolio), le faltó ponerle algo de sabor a su recuento winner de los triunfos obtenidos. Digo, además del show de La Barbie y de anunciar la muerte de la televisión analógica y el imperio digital (lo cual llevará a Gelboy Peñanieto a tener cual eslogan de campaña: “¡Gavioticémonos, plasmas para todos!”), quizá tendría que haber agregado temas como el de la guardería ABC y las razones por las cuales todavía no ha corrido a patadas a Cecilia Romero del Instituto Nacional de Migración. O una explicación del por qué regresó Gomezpunk con una playera color pistache.


