La Barbie: algo es algo
Sonido & Visión
Fernando Cuevas
Sin duda, los agentes federales se anotaron un 10 el lunes de esta semana, con la captura de Edgar Valdez Villareal, en una lujosa residencia enclavada en el sitio conocido como La Cañada de Alférez, en el poblado de Salazar, municipio de Lerma, Estado de México. Se trata de uno de los capos más buscados, tanto por autoridades mexicanas como de Estados Unidos.
Valdez Villarreal, conocido como ”La Barbie”, quizá por ser originario de Laredo, Texas, por tener el cabello rubio y los ojos azules, cuenta escasamente con 37 años y su corpulencia es atlética. Su actitud, en extremo agresiva, le valió para convertirse en el principal pistolero de Arturo Beltrán Leyva y era el primer apuntado para sustituirlo, llegado el momento.
Cuentan que su capacidad de movilización le permitía desplazar una tonelada de cocaína cada mes. Ha reclutado pistoleros en todo el territorio nacional para asesinar y decapitar a enemigos de los Beltrán Leyva, en diferentes ciudades del país, como Acapulco, Sinaloa, Cuernavaca, etc.
Se sabe que se inició en el mundo de la delincuencia a finales de los 80, como golpeador. La saña con que operaba lo distinguió entre las filas en las que se desenvolvía y pronto se hizo notar como alguien terrible, de acuerdo con datos de la Procuraduría General de la República.
La misma fuente revela que se movilizó entre Laredo y Monterrey como operador del cártel de Sinaloa, bajo el mando de Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, entonces socio de los hermanos Alfredo y Arturo Beltrán Leyva. Después inició una lucha contra “Los Zetas”, por el control de la plaza de Nuevo Laredo, la más deseada por las organizaciones criminales.
Se convirtió en pieza clave en esa guerra contra “Los Zetas” y en 2005, Arturo Beltrán Leyva lo invitó a trasladarse a Acapulco, en donde se convirtió en el jefe de sicarios. Ahí reclutó a miembros de la Agencia Federal de Investigaciones. El “Tony Tormenta” o Ezequiel Cárdenas Guillén, hermano de Osiel Cárdenas, intentó asesinarlo para ajustar cuentas, por la ola de violencia desatada en el estado de Guerrero.
Hay quien asegura que fue quien impuso la modalidad de decapitar a las víctimas, como una norma necesaria; característica que debía servir para amedrentar, para imponer el mayor de los temores a las organizaciones a las que ha pertenecido. Y también para que en todo el mundo se tenga a los sicarios mexicanos como a los más crueles y sanguinarios del orbe.
Pero cuando Arturo Beltrán Leyva murió en un enfrentamiento con soldados de la Secretaría de Marina, se echaron las campanas a volar, sin reparar en que atrás había una veintena de matones en espera del puesto principal, que recayó indiscutiblemente en Valdez Villareal. Con toda seguridad, en este momento ya hay nuevo jefe.
El número de jovencitos que diariamente se incorporan al crimen organizado es elevadísimo y eso no permite pensar que con esta detención, la suerte y la seguridad de los mexicanos mejorarán. Sólo resta pensar: algo es algo.


