Migrantes: de abusos no atendidos a crisis humanitaria
Invitado
Mauricio Farah Gebara
Los adjetivos no alcanzan. Acotado frente a la barbarie y la crueldad sin límite, el lenguaje se convierte en intento nada más. Imposible abarcar con palabras tanta saña.
Pero si las palabras no pueden describir el horror, ayudan a ordenar las ideas para contenerlo. Estos son algunos elementos de análisis para entender lo que les sucede a los migrantes extranjeros en México, padecimiento reiterado que por no ser atendido ha escalado de serie de abusos, como empezó, a crisis humanitaria:
1. Los migrantes centroamericanos y sudamericanos seguirán pasando por México en su intento por llegar a Estados Unidos. A pesar de lo obvio, hay que reiterarlo: la transmigración por México no es un hecho aislado, sino masivo y permanente. Por ello requiere atención integral, coordinada y amparada por una política migratoria clara, con perspectiva de derechos humanos.
2. Estos migrantes han padecido, especialmente en la primera década de este siglo, todo tipo de abusos y delitos por parte de autoridades y delincuentes. A la amplia gama de agresiones, se sumó, desde hace al menos cinco años, el flagelo del secuestro. En sólo un lustro se pasó de casos aislados a la consumación de secuestros diarios con una cobertura en casi toda la ruta migrante.
3. Las autoridades debieron saber del incremento de estos secuestros desde 2007, pero si no hubiera sido así, lo supieron sin duda por el Informe Especial sobre el Secuestro en Contra de Migrantes, que presentó la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en junio de 2009, luego de una investigación de seis meses que me correspondió encabezar como quinto visitador de la propia comisión. Durante la indagación recogimos testimonios de cientos de migrantes secuestrados entre finales de 2008 y principios de 2009. El Informe se dirigió al Instituto Nacional de Migración, pero en primer lugar al Consejo Nacional de Seguridad Pública, en donde están representadas prácticamente todas las autoridades del país de los tres órdenes de gobierno. Es de su competencia, y sólo ellos, que disponen de todos los elementos presupuestarios, técnicos y de recursos humanos para hacerlo, tienen la posibilidad de realizar acciones coordinadas, integrales y de inteligencia para romper la cadena delictiva.
4. Las autoridades respondieron con declaraciones y actitudes que tendían más a justificar su inacción que a atender el mensaje esencial. Cuestionaron el método aplicado por la CNDH en su investigación y, aunque aceptaron que había secuestros de migrantes, minimizaron su magnitud, actitud que reiteraron cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos pidió al gobierno un informe al respecto. La CNDH nunca pretendió ser infalible, pero sostuvo lo medular del informe: el secuestro de migrantes es cada vez más grave y frecuente, y en él participan incluso autoridades municipales, estatales y federales.
De ello y de la crueldad de los secuestros dio cuenta la publicación “Bienvenidos al secuestro de migrantes”, que editamos mientras las autoridades se negaban a reconocer la dimensión que había alcanzado este delito, y que recabó dolorosos testimonios de migrantes, plagiados en los meses posteriores a la primera investigación.
5. Más de 50 por ciento de los secuestros se cometen en Tabasco, Veracruz y Tamaulipas. En Tabasco, los secuestradores operan principalmente en la ruta que inicia en el El Ceibo, y el crimen sigue el camino del tren por Tenosique, Emiliano Zapata, Palenque, Playas de Catazajá, Villahermosa, Huimanquillo y Chontalpa. Al entrar a Veracruz, el peligro continúa en Las Choapas, Coatzacolacos, Medias Aguas, Tierra Blanca, Córdova y Orizaba, aunque también hay secuestros a lo largo de la ruta posterior, como en Puebla, Tultitlán (Lechería), San Luis Potosí y Saltillo. En Tamaulipas, los secuestros de migrantes existen principalmente en Tampico, San Fernando, Matamoros, Reynosa y Nuevo Laredo. Por otra parte, los migrantes que entran por Chiapas, corren riesgo de secuestro principalmente en la ruta de Ciudad Hidalgo, Tapachula, Huixtla, Pijijiapan, Arriaga, Ixtepec y Matías Romero, llegando a Coatzacoalcos, donde entroncan con la ruta de quienes ingresan por Tabasco.
6. Las autoridades tienen la obligación de dar cuenta ahora de lo que han hecho respecto del secuestro de migrantes, sus medidas, procesos y resultados. Si han hecho mucho o poco, lo importante es saberlo para partir de un diagnóstico y de circunstancias reales y actuales.
7. Hay que reconocer el trabajo de muchas organizaciones no gubernamentales que luchan por la defensa de los derechos humanos de los migrantes, especialmente de las casas que les dan asistencia humanitaria y de la Pastoral de la Movilidad Humana. El reconocimiento va más allá de la cortesía: su trabajo muestra que se puede hacer algo y que puede hacerse más si hay voluntad y compromiso.
8. Igualmente, hay que reconocer la labor de los medios de información locales y nacionales, que han difundido los agravios que padecen los migrantes; esperemos que sigan haciéndolo y que den seguimiento al homicidio de 72 migrantes en Tamaulipas. Si la desgracia ya ocurrió, al menos debe servir para que se ponga atención en el fenómeno y se evite su repetición. La operación criminal en este caso no ha terminado, como lo confirma la desaparición del agente de Ministerio Público al que se había asignado la indagatoria. Hay que impedir que el flujo de noticias, en estos tiempos tan lleno de tragedias, tienda un velo sobre esta masacre.
9. Aun cuando todavía falta esclarecer detalles relevantes de los hechos, parece desproporcionado que la ejecución se haya realizado porque los migrantes no traían dinero o porque no quisieron ser reclutados, pero la lógica de la delincuencia en México es otra, una vez rotos los parámetros habituales. Puede pensarse, por otra parte, que el asesinato en grupo es una advertencia para los migrantes para que ninguno se resista cuando sea obligado a sumarse a la banda que lo retiene. Tampoco puede descartarse que los secuestros tengan fines de trata de personas. En ambos casos, imagine usted el infierno, para ellos, sus familiares y para la sociedad en general.
10. A pesar de la expansión de esta industria de la delincuencia, es posible contener su crecimiento, incluso erradicarlo. Para ello es necesario trabajo de inteligencia y llevar a cabo operaciones precisas para rescatar a migrantes y para desmantelar las bandas que los retienen y extorsionan.
Es necesario, además, emprender un trabajo de fondo para cambiar la visión nacional respecto del migrante, lo que incluye castigar todos los abusos y difundir los avances.
Es imperativo lograr una reforma migratoria integral que salvaguarde y proteja los derechos humanos de los migrantes, y que dé certidumbre al propio gobierno, a la población y a los migrantes respecto de cuál es la política del Estado mexicano para hacer frente a la migración de manera eficaz, humana y comprensiva.


