¿Ganaron las frituras?
José de la Luz Lozano
Este año alcanzamos el liderazgo mundial en obesidad infantil, y aunque el Gobierno se apresuró en proponer la salida de la comida chatarra y las gaseosas de las escuelas, acaba de dar marcha atrás.
Y es que dado el tamaño e influencia de las multinacionales de esta rama industrial, deberá quedar en manos de los padres de 25 millones de infantes cuidar la alimentación de los pequeños en los recreos escolares.
Ya demostró el Gobierno que tiene capacidad de acción ante las emergencias como con la influenza en que hubo grandes, costosas y acertadas medidas para evitar una catástrofe en materia de salud.
Los reportes oficiales señalan que alrededor del 40 por ciento de los niños menores de 14 años tienen sobrepeso y obesidad, y eso los condiciona a ser potenciales pacientes de diabetes, problemas respiratorios o cardiacos, entre otros.
El problema es económico, pues si en el año 2000 se invertían 35 mil millones de pesos para atender problemas de obesidad, para el 2008 se duplicó hasta llegar a los 67 mil millones de pesos de gasto.
Pero la crisis también es calidad de vida, porque los cientos de miles de niños están condenados a padecer problemas de diabetes, secuelas cardiacas y deficiencias respiratorias que les acompañarán toda la vida y heredarían a sus críos.
Tenemos ya casi cuatro décadas de vivir en diferentes grados de crisis económica, de salida de dólares, de caída del empleo y de violencia, y en ninguno de esos años las multinacionales de la chatarra alimenticia han perdido dinero o se han quejado de sus negocios.
Habrán despedido personal, habrán bajado sus ventas o sus ingresos, pero nunca han reportado pérdidas, o siquiera han sugerido que es un mal país para invertir.
Nada se logró a pesar de haber hecho un llamado a la “Estrategia Alimentaria para la Prevención de la Obesidad y el Sobrepeso”. Pues ni el sindicato de doña Elba Esther, ni los secretarios de Salud y de Educación pudieron sacar las frituras y gaseosas de las más de 220 mil escuelas del país.
Hoy en día se estima que el 85 por ciento de los escolares llegan desayunados a la escuela, así que habrá que aumentar esta cifra y cambiar los hábitos para dotarles de lonches, tacos, sándwiches y bebidas que impidan el desarrollo de ulteriores padecimientos.
Nos costará más en tiempo y dedicación, pero frenaremos posibles enfermedades. Cada padre y madre de familia podría sentirse orgulloso de ganarle la partida a los poderosos que impusieron su voluntad de mantener estos alimentos en las escuelas.
Si enseñamos a comer saludablemente a nuestros hijos estaremos asegurando su bienestar inmediato, construiremos una sociedad más responsable, pero sobre todo empezaremos a dejar el tutelaje donde le echamos la culpa a los demás y queremos que el Gobierno resuelva muchos de los problemas que son de nuestra incumbencia.


