Cuando el país se dejó al narco

En Privado

Joaquín López-Dóriga

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  • 2010-08-12•Al Frente

¡Y nada!, seguiremos viendo el futuro por el espejo retrovisor. Florestán

De los encuentros del presidente Felipe Calderón con representantes de la sociedad para hacer de todos la lucha contra el crimen organizado, me quedo con los que tuvo con dirigentes religiosos, académicos, ministros de la Corte.

En el encuentro con los partidos, cita a la que sólo faltó el PT, pero nadie se enteró, sus dirigentes mostraron sus carencias y Calderón hizo un reproche, que no es la primera vez que se le escucha: lo poco que hicieron sus antecesores para combatir este problema, incluido Vicente Fox.

La verdad es que si este problema se hubiera tocado cuatro o cinco años antes (de empezar su sexenio) hoy estaríamos en una situación ya mucho mejor, dijo.

Y no es que no lo hubieran hecho, es que, para Calderón, no lo hicieron con la intensidad y decisión necesarias, en lo que tiene razón en al menos dos momentos: Carlos Salinas, 1994, y Vicente Fox, 2006.

En 1994, al levantamiento del EZLN en Chiapas el 1 de enero, todos los recursos militares se concentraron allí. El Ejército fue acuartelado y una gran parte despachado a aquella región; aviones, transportes y recursos se movieron para atender lo que era una situación inédita en el México moderno: la irrupción de un movimiento armado indígena que había declarado la guerra al Estado mexicano.

La contraofensiva distrajo atención y recursos de la lucha contra el narcotráfico.

El segundo momento fue en 2006, con Vicente Fox, angustiado por lo que calificaba de inminente alzamiento popular y una revuelta social promovida por Andrés Manuel López Obrador. Los militares fueron de nuevo acuartelados y otra vez el país quedó libre para los traficantes de drogas.

Entonces, ni los soldados salieron a las calles, permanecieron en sus cuarteles y su lugar fue ocupado por los marinos; ni siguieron en el combate al narcotráfico, que a partir de esos dos ejes, y no de la actual ofensiva en su contra, como se maneja, se salió de madre.

Y es posible que Calderón se refiriera a esos momentos, marcadamente al de su antecesor.

Retales

1. POCO. Alonso Lujambio, a quien el presidente Calderón ha dado voz en las celebraciones del Bicentenario, ante la imposibilidad de un nuevo relevo en ese extraño cuerpo, salió a hablar de 200 festejos. Y la verdad es que las cuentas no salen, ni saldrán ellos de esta trampa;

2. SALUDO. Lamentable el saludo de Jesús Ortega al presidente Calderón en el Campo Marte. Si le iba a estrechar la mano debió hacerlo con dignidad, no como lo hizo, ocultando el rostro, evitando la mirada; y

3. EMBAJADA. Será a partir de septiembre cuando el pleno del Senado apruebe la designación de Patricia Flores como embajadora en Lisboa. El PRI se abstendrá y el PAN aportará su mayoría. Se la harán cansada, pero la aprobarán.

Nos vemos mañana, pero en privado.

lopezdoriga@milenio.com