Reunieron más de 600 firmas y hoy pedirán al alcalde acciones contra la delincuencia

La inseguridad ya colmó la paciencia en la Americana

Desde hace un año, vecinos y comerciantes coleccionan historias de robos, asaltos y cristalazos, junto con quejas contra la ausencia o la mala respuesta de los policías en la zona.
  • 2010-08-09•El Tema

La Paz y Colonias. De acuerdo con algunos vecinos, la falta de luz en esta esquina abriga a asaltantes de peatones y ciclistas.
La Paz y Colonias. De acuerdo con algunos vecinos, la falta de luz en esta esquina abriga a asaltantes de peatones y ciclistas. Foto: Tonatiuh Figueroa.

Vas caminando y tres tipos que van en un carro se paran a un lado y te arrebatan la bolsa. Dejas el auto estacionado y amanece sin estéreo o no amanece. Sales el fin de semana y descubres que se metieron a tu casa, o te despiertas y ves que se metieron mientras dormías. Te asaltan en avenida Libertad a media cuadra de un bar con mesas en la banqueta. Llamas a la policía y se tarda media hora en llegar. O no llega.

Los vecinos de la colonia Americana están acostumbrándose a esta clase de historias: los que no pueden contar la propia, pueden señalar a alguien que ya las vivió. De un año para acá, coinciden, esa zona junto al centro de Guadalajara comenzó a perder su popular perfil, que combinaba una apacible convivencia habitacional con una viva actividad comercial, a cambio de un montón de nuevos delitos. Con un agravante: la mala respuesta de la Policía de Guadalajara.

Con el hígado lleno de piedritas, los vecinos decidieron organizarse. Algunos comercios de Américas a Enrique Díaz de León, de Morelos a Montenegro, recabaron firmas para entregárselas al alcalde Aristóteles Sandoval y hoy van a llevarle poco más de 600. Pero además, al poner en común sus historias, descubrieron que están de acuerdo en muchas cosas: por ejemplo, que tienen que cuidarse entre ellos, pero, también, que la ausencia de la autoridad ya llegó al colmo.

Violencia

Los relatos en la calle y los redactados durante el acopio de firmas coinciden al describir los modus operandi de los delincuentes. Se repite, por ejemplo, la historia del robo de bolsa: hombres en un automóvil, a veces taxis, que arrebatan a los peatones lo que lleven en las manos. Esto ha ocurrido en sitios como La Paz, cerca de Chapultepec, o en Montenegro, entre Colonias y Progreso. A pleno mediodía.

Otra es el asalto a clientes y empleados de restaurantes y cafés, que parece de moda en la avenida Libertad, una bonita calle llena de árboles, nuevos pubs y cafés… y sin luz por las noches. A un mesero de La Cafetería, en la esquina de Robles Gil, lo golpearon para quitarle el dinero cuando salía de su trabajo; ya van dos de esos casos en La Nacional, de Chapultepec. Dicen que el empleado de otro café de Chapultepec perdió un ojo en una tunda. Los empleados de la cremería frente al mercado Juárez, en la calle Nuño de Guzmán, recuerdan cómo hace tres meses los robaron a punta de pistola. Nunca había ocurrido. Dos años antes, alguien asaltó al ingeniero de las obras de remodelación del mercado, “porque lo estuvieron vigilando para ver cuándo venía a pagar…”. Nada más.

Pero frecuentes, frecuentes de verdad, los cristalazos y robos de autos. Eran conocidos en esquinas de López Cotilla como Atenas y Emerson, pero ahora han ocurrido en Venezuela, en Argentina, en Bruselas… Una empleada de La Nacional dice que ya los vio operando en La Paz, cómodamente iluminados por el alumbrado público. ¿Han ido al Ministerio Público? Un compañero suyo lo intentó y en la Procuraduría de Justicia le dijeron que ni reportan las denuncias, para no aumentar las estadísticas de inseguridad. Un par de uniformados le dijeron que hay cuatro policías para toda la zona Centro de la ciudad. Cuatro.

El “efecto cucaracha”

Cada quien tiene su explicación: que ahora hay mucho “cholo”, que nadie “recoge” a los indigentes, que la colonia “se llenó” de viene-vienes... Luis Alberto, un lavacoches de La Paz y Colonias, ni se ofende: “Aquí te respeta la gente. En los negocios de la cuadra me encargan que le eche un ojo a sus propiedades. Nos echamos la mano entre todos”.

El alcalde Sandoval acaba de hacer pública su explicación: el llamado “efecto cucaracha” (Público, 8 de agosto de 2010). O sea que, acorralados por su gobierno, los delincuentes de la zona de 5 de Febrero tuvieron que buscarse otro barrio y se fueron a la Americana. Algunos vecinos le mandaron decir al alcalde que el problema viene de antes: que el auge de la Zona Rosa, con nuevos restaurantes, el concurrido Paseo Chapultepec de los sábados y el buen ambiente hasta la madrugada, sería una maravilla si no fuera por la ausencia de policías, pues los ladrones hacen su agosto sin que nadie los moleste.

Y vuelven a eso: ¿dónde están los gendarmes que antes recorrían la zona en bicicleta? Elena Robles, una señora con más de medio siglo en la colonia —y este mayo le robaron la casa por primera vez—, recordó que en 1965 un líder de colonos, Macario Zavala, dispuso un equipo de “serenos” que vigilaban a pie durante toda la noche. Eso sería buena idea, opinaron estudiantes del Instituto Enrique Díaz de León, en López Cotilla y Robles Gil, que, tanto a las siete de la mañana como a las siete de la noche, han sufrido asaltos, cristalazos y el acoso de un obstinado exhibicionista al que la policía nomás no se quiere llevar.

Los vecinos visitarán hoy al alcalde y esperan que, con las firmas, se dé cuenta de que están dispuestos a organizarse para ayudar. Están por lanzar iniciativas que, confían, servirán para intercambiar buenas ideas. Porque lo que intercambian ahorita son anécdotas indignantes: que a un edificio de Guadalupe Zuno le hicieron un boquete en un muro para meterse a robar, que en Juárez y Tolsá hay dos o tres robos por la noche en la misma esquina, que en Pedro Moreno hay un tipo que “trabaja” con un cuchillo…

Lo que se cuenta

ROCÍO AMÉZQUITA
Empleada del Instituto Vocacional Enrique Díaz de León

“Hay un tipo que diario, en la mañana, y en la noche también, se exhibe o toca a las alumnas. Seguido viene la policía y hace rondines, pero no se lo llevan. A algunos alumnos los han asaltado con cuchillos sobre Robles Gil, nada más atravesando Vallarta, sobre todo en la mañana”

ELENA ROBLES
Vecina de Prisciliano Sánchez

“Acaba de pasarme: abrieron un vidrio de la casa y se metieron, a finales de mayo. No me había pasado antes y ya voy para 60 años en la colonia. En la junta de vecinos ha habido muchas quejas de robos, quejas contra los lavacoches y contra muchos indigentes que vienen por aquí”

GABRIELA VELASCO
Café La Nacional, de Chapultepec

“Lo más recurrente es el robo de autopartes, ya es demasiado: a mí anoche me tocó ver, aquí en La Paz, cómo estaban abriendo un carro. Hay quien me los ha contado a las dos de la tarde o a las siete de la noche. En una casa de Montenegro, una persona me reportó tres robos en diez meses y que a sus vecinos de enfrente también se les metieron, con la gente allí mismo dormida. A un chico lo asaltaron y golpearon, la policía no le hizo caso y fue a denunciar y en el Ministerio Público le dijeron: ‘Si no sabes quiénes te asaltaron, no puedo levantarte la denuncia’”

SARA
Empleada de La Cafetería

“Toda la colonia se volvió conflictiva. Ya no veo pasar a los policías; tengo un año trabajando aquí y antes sí había. Nosotros tuvimos que poner vigilancia privada. Por aquí han asaltado a gente varias veces, a amigos a que les quitaron cámaras, que los robaron en su coche”

CARLOS
Encargado de un puesto de frutas en la plazoleta Libertad

Acaban de robar a la señora del puesto de revistas, van dos veces. En ese edificio y enseguida del Oxxo (calle Colonias) también se metieron a robar. Ha estado bien duro aquí, y no era así, tiene unos tres meses para acá”

LUIS ALBERTO
Lavacoches en La Paz

“En ese negocio, hace como mes y medio, se metieron a robar; llamamos a la policía y llegaron bien tarde. Así, ¿pues qué seguridad?” (IGV)

Más acciones

Las iniciativas de los vecinos y comercios que recabaron firmas no se acaban en ese esfuerzo conjunto. Entre otras cosas, preparan un proyecto de Vecinos Vigilantes que permita que los propios colonos vigilen sus calles y se avisen entre sí si notan robos, a cualquier hora del día; mientras tanto, reparten carteles con información acerca de la campaña.

“Lo que queremos es hacer un llamado a las autoridades para que ya se pongan las pilas”, define Gabriela Velasco, del café La Nacional. “Pedimos que pongan un módulo de seguridad y policía en bicicleta”. También plantearán que la zona sea declarada área turística.

En tanto, instan a los vecinos a que denuncien. En un grupo en Facebook, bautizado Firma del documento, colonia Americana: no a la delincuencia y al miedo, recaban ideas. También está activo el sitio http://zonarosagdl.blogspot.com, que, hasta ayer, reunía once testimonios.

Testimonio en primera persona

El 25 de octubre del 2009, alrededor de las 21:30 horas venía caminando sobre Morelos esquina con Tepic (con dirección a Chapultepec), llegó un hombre (de unos veintitantos y pasaba mi estatura, yo mido 1.78) atrás de mí y me dijo que me tirara al piso, me dio miedo que intentara violarme, me defendí (le di un codazo en la panza e intenté correr) y en eso noté que venían otros dos (jóvenes, muy delgados, morenos con cachuchas), forcejeamos, me tiraron y patearon, arrebataron mi bolsa (con celular, cartera, tarjetas, dinero en efectivo, llaves de casa) y se fueron corriendo en dirección a la Minerva. Como intenté ir tras ellos, con la esperanza de que alguien en el camino los detuviera, iba gritando y unos señores que estaban subiéndose a su coche afuera de unos consultorios, intentaron seguirlos sin éxito, después me llevaron a unas patrullas que estaban en la calle de López Cotilla (una cuadra antes del Centro Magno), había como ocho policías (cuatro patrullas) comiéndose unos tacos y platicando, una patrulla con una pareja de policías; me llevaron a la Nacional para poder hacer las llamadas urgentes de banco y conseguir llaves para entrar a mi casa. Los policías no me dieron ningún dato, tampoco tomaron los míos, sólo me decían que agradeciera que no me había pasado nada físico.

Desde entonces he sabido de por lo menos un asalto por semana en la zona y el robo de autopartes o autos completos es casi de todos los días.

Es urgente mayor presencia policial en bicicletas que circulen por las calles menos alumbradas de noche, teléfonos de emergencia de conocimiento público, tal vez creando una campaña que dé a conocer las maneras más efectivas para hacer llegar la ayuda en casos así.

Guadalajara/Iván González Vega