“Que no se me suba la fama a la cabeza”
La historia en breve
Ciro Gómez Leyva
Es usted ahora una celebridad, le digo a Guillermo Fariñas, un hombre que suena feliz 100 horas después del levantamiento de su huelga de hambre de 135 días.
—Como dice Mente de pollo, un cómico muy popular y mordaz de aquí, que no se me suba la fama a la cabeza. Trataré de ser el mismo opositor que saluda a todos los vecinos. José Martí, de quien soy admirador, fue humilde. Decía que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.
—Qué voz reanimada, Guillermo.
—Será que estamos tomando agua, estamos tomando té frío, también jugo natural de pera, también gelatina, en este caso de fresa, y estamos tomando hoy, por primer día, caldo de pollo.
Describe en detalle su trombo, hematoma, ingestión de anticoagulantes. Piensa que la promesa de liberar a los presos políticos es “hasta cierto punto un milagro”. Y dice que volverá a escribir artículos periodísticos y “a colaborar con todo el que nos pida colaboración, y algunos libros que no se han podido terminar, vamos a tratar de terminarlos”. Y que será el 7 de noviembre, al cumplirse los cuatro meses comprometidos por el gobierno de Cuba para las liberaciones, cuando evaluará su plan de acción: “Si cumplió, no tendremos nada que hacer”.
Pero ayer no habló sólo de los 115 presos de conciencia. Se refirió también a los “presos por delitos de hambre, a la revisión del Código Penal y los artículos que van contra las libertades”.
—Lo nuestro —siempre en primera del plural— fue una primera batalla. Quisiéramos vivir en el exterior, vivir en libertad, pero la presión que hemos hecho va a servir para que los cubanos aprendamos a perdonarnos los unos a los otros, que esto sea para el bien de todos: castristas y anticastristas.
Chapeau, Guillermo. Sigue el Nobel de la Paz.


