El crimen crece la apuesta
Autonomía relativa
Juan Ignacio Zavala
El crimen organizado ha decidido subir la apuesta e irrumpir en la vida política y en las elecciones. No hay muchas hipótesis al respecto. El asesinato de Rodolfo Torre Cantú, sus escoltas y colaboradores tiene ese sentido. Se ignoran las razones, pero la delincuencia decidió intervenir e impedir que Torre Cantú gobernara.
En los últimos meses hemos visto cómo el combate al crimen organizado se tornaba un debate circular en el que los críticos decían que había que cambiar la estrategia. Algunos de buena fe, otros de mala, pero ninguno decía qué otra opción se podía tomar. Creo que no se trata de un debate ocioso, al contrario, podría ser muy útil siempre y cuando se haga de manera abierta, con especialistas y que no sea espacio para dirimir rencillas o ajustes personales. Sin embargo, la crítica a la estrategia se basaba más en un asunto de corte político —y hasta de politiquería— que en un asunto de planes y tácticas policiacas, políticas de Estado o cuestiones similares.
Es probable que con el tiempo, el tipo de información y hasta la propia dinámica política, hayamos convertido el tema en algo que tuviera que ver más con una posición partidista o mediática, que en un tema central para la viabilidad de los próximos años. Eso sucede comúnmente con temas públicos que están demasiado tiempo en debate. No hay que culpar a nadie. Pero es claro que quienes sí han tomado muy en serio el asunto son los del crimen organizado.
Los que pertenecen al crimen organizado están conscientes de que, en efecto, son ellos o la sociedad. El asesinato de Torre Cantú así lo demuestra. Más allá de las ejecuciones entre uno u otro bando, de las disputas a balazos por las carreteras o los barrios, del transporte de mercancía, del cobro en especie, de las escisiones y las luchas por el liderazgo de cárteles; más allá incluso de las cifras de cadáveres reclamados o no, de si somos la Colombia de hace 20 años; más allá de los colgados en los puentes, las cabezas arrojadas, los cuerpos torturados, y toda la narrativa narca que se ha desarrollado en los últimos años, lo cierto es que el crimen organizado decidió emitir su opinión sobre quien no debía gobernar Tamaulipas.
Estamos, sin duda, en una situación compleja. No es momento de regateos ni de mezquindades. Es momento de condenar juntos al crimen organizado. Es momento de dejar de sospechar entre nosotros y voltear la mirada a los criminales, pues son ellos los que generan la angustia y la zozobra. Nuestra fuerza debe ser contra ellos, no contra nosotros.
Todos tenemos diferencias y debemos saber conservarlas y defenderlas. Pero no podemos negar que hay temas comunes y relevantes, incluso para poder mantener nuestras diferencias, y la seguridad es uno de esos temas. Sin seguridad ya no podremos discutir. Ha quedado claro que ellos, los criminales, tienen un objetivo común. Faltamos nosotros.


